Armero: La tragedia anunciada

Nacional
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Armero es sin duda uno de los acontecimientos más trágicos e impactantes que marcaron la historia de Colombia.

 

El 13 de Noviembre de 1985, el volcán  nevado del Ruiz hizo erupción a las 11:30 p.m. y sepultó la población de Armero, cubriendo el 85 % del municipio; sólo una décima parte de sus habitantes logró sobrevivir a la tragedia en la cual murieron más de 25000 personas. 20611 fueron damnificados y heridos.

Tras aquella tragedia, los sobrevivientes entre lágrimas, sufrimiento y dolor lucharon con la esperanza de encontrar a sus seres queridos, de ser escuchados y respaldados. Sin embargo, la ayuda humanitaria no fue suficiente, los programas de reubicación nunca tuvieron el cubrimiento ni la efectividad esperada.

Exactamente, una semana después de la toma del Palacio de Justicia, la tragedia en la población tolimense de Armero quedó grabada en los corazones de quienes vivieron, conocieron y sufrieron el padecimiento de estas miles de personas.

La tragedia de Armero, fue útil al Estado Colombiano porque literalmente sirvió para echarle barro y escombros a los hechos del Palacio de Justicia. Aún, vive la imagen de Omaira Sánchez, niña de tan solo 13 años, víctima y símbolo de la tragedia, quien murió frente a las cámaras, rodeada de socorristas y periodistas esperando una motobomba que nunca llegó. El 16 de noviembre murió por una gangrena gaseosa, con la ilusión de volver a estudiar.  “¡Mamá! ¿Si me escuchas? Yo creo que sí, reza para que yo pueda caminar y esta gente me ayude…Mami te quiere mucho mi papi, mi hermano y yo. Adiós madre”.

La explosión del Nevado del Ruiz, produjo un enorme deshielo que incrementó las aguas, el lodo y una avalancha de casi 45 metros. Dicha tragedia afectó las poblaciones de Guarinocito, Guayabal, Honda, Lérida, Líbano, Mariquita, Murillo, Santuario, Santa Isabel, Chinchina y sobre todo Armero que llevò la peor parte y desapareció del mapa. La tragedia es recordada como un hecho que pudo ser prevenido, como la crónica de una muerte anunciada. Sin embargo, ocurrió a pesar de que los hechos al igual que lo del Palacio, eran de conocimiento de las autoridades.

Los esfuerzos de socorro fueron coordinados desde Ibagué y Bogotá para Armero, y desde Cali para Chinchiná, lugares en donde se concentraron los equipos médicos. Las víctimas restantes fueron dirigidas a hospitales en Ibagué, ya que los ubicados en la región habían sido destruidos o se encontraban en riesgo de quedar sepultados. La falta de preparación frente a un rescate contribuyó al alto número de víctimas, la negligencia estatal y la ineptitud frente a la tragedia fue motivo de críticas a nivel mundial.

En 1986, Armero fue declarado Campo Santo durante la visita del papa Juan Pablo II en compañía del presidente Belisario Betancourt.