Riohacha con la segunda tasa menor de inflación del país

En Riohacha, la gente ha cambiado la carne de buena calidad, por la de segunda.

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La canasta básica de consumo de los hogares se situó en el 1.58%, mientras que la de Riohacha fue 0,65 por ciento, detrás de Quibdó, con 0.38 por ciento; sin embargo, los precios que más subieron fueron educación, salud y transporte.

En Riohacha se presenta un bajo crecimiento de los precios y esto refleja una crisis en otras variables y dimensiones del desarrollo. Esto tiene una interpretación desde la oferta de los bienes y servicios que se consumen.
La Capital de La Guajira no cuenta con la suficiente base productiva para garantizar un abastecimiento permanente que permitan la estabilidad relativa o el bajo crecimiento de los precios que muestra el Dane.

"Riohacha es una ciudad 'importadora' de alimentos y las vulnerabilidades en la seguridad alimentaria existentes, generan las condiciones perfectas para que los precios suban", precisó Cesar Arismendi Morales, director del Centro de Pensamiento Guajira 360°.

Para el economista Arismendi Morales, "la estabilidad relativa de los precios tiene otra perspectiva de análisis desde la demanda. Ella está relacionada con la confianza del consumidor, el nivel de empleo, la disponibilidad del ingreso, la productividad e informalidad laboral existente al interior de la economía".

En el balance económico 2017 y en las proyecciones del 2018, reactivaría la economía regional y local que pasa por la ampliación del gasto del gobierno territorial, el cual luce contraído con los problemas de gobernanza y los permanentes reemplazos de mandatarios que se han producido en los últimos 6 años.

A ello se le suma la existencia de una tasa de desempleo del 15.3por ciento, de las mayores del país y una tasa de informalidad laboral del 65.1 por ciento, muy superior al promedio nacional.

La contracción del gasto del gobierno, el alto desempleo y la informalidad laboral, trae consigo una disminución de los ingresos disponibles en los hogares, lo cual repercute en la merma de la capacidad de consumo. En esas condiciones, no se generan altas presiones sobre la oferta disponible y los precios crecen muy poco.

Muchas veces y dado que los consumidores son racionales, esta situación lleva a que los hogares cambien el perfil del consumo interno, es decir, inicien un proceso de substitución de bienes y servicios.

"Por ejemplo, cambian la carne de res por las vísceras de res. No consumen pollo, sino menudencias, productos que resultan ser más económicos. Algunos hogares tienden a substituir el aceite por el sebo. Detrás del bajo crecimiento de los precios, puede haber una crisis en la economía local que incide en el comportamiento de los hogares, especialmente, cuando sus miembros van a la mesa a tomar sus alimentos", puntualizó Cesar Arismendi Morales.

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