El nuevo orden del comercio regional

Editorial
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La firma del Decreto Ejecutivo para sacar a su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP por sus siglas en inglés) por parte de Donald Trump, así como sus reiteradas manifestaciones públicas para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta por sus siglas en inglés), constituyen una ruptura con el multilateralismo en las negociaciones comerciales internacionales, y apuntan hacia una lógica unilateral de proteccionismo. 
Tanto el Nafta como el TTP son amplios marcos normativos multinacionales para expandir el comercio y la inversión entre los países tratantes.

El carácter regional de estos acuerdos consiste en que sus términos, desde su implementación hasta su resolución de conflictos, son negociados en acuerdo común entre las partes involucradas. El TTP ha sido considerado uno de los tratados comerciales más ambiciosos e importantes a nivel mundial, tanto por la magnitud económica de los países participantes, como por los alcances en materias como la movilidad de personas con fines productivos, la regulación de servicios transfronterizos, o los derechos de propiedad intelectual, siendo este último un tema sobre el cual se generó mucha polémica al respecto del uso de medicamentos transgénicos en los países de renta más baja. 

La medida ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos para retirar unilateralmente a su país del TTP se justificó en la potencial pérdida de empleos industriales y manufactureros en el país norteamericano. Para muchos analistas, esta medida constituyó el punto final de dicho acuerdo internacional y en conjunción con la salida del Reino Unido de la Unión Europea (el Brexit) parecen haberle dado un giro de 180 grados a esta dinámica de los acuerdos entre muchas partes. 

Ahora mismo las discusiones sobre el futuro del comercio internacional se centran en la anunciada renegociación del Nafta por parte de Trump, debido a argumentos similares por los cuales retiró a su país del TTP.

Tal renegociación no  está planteada en términos regionales, sino que está siendo convocada bajo una lógica unilateral cargada de proteccionismos arancelarios y regulatorios, que recuerdan la época de la industrialización por sustitución de importaciones. Actuar con visión. Ni la región centroamericana ni nuestro país han sido objeto de estas controversias comerciales por parte del nuevo presidente de EE.UU, y ello está relacionado con el pequeño tamaño de nuestras economías.

Sin embargo, las experiencias del TTP y NAFTA es un aviso de que el punto de partida de renegociación para Trump es que las relaciones comerciales EE.UU-Centroamérica son más importantes para nosotros que para ellos.

 No es de esperar que la administración Trump tenga interés en renegociar el TLC con Colombia en el corto plazo, ya que las economías de la región consideradas individualmente son demasiado pequeñas como para justificar el desgaste técnico y político que ello implicaría, pero otras medidas de protección de la industria estadounidense de alcance mundial sí podrían afectar nuestro sector exportador. Ante ello se requiere actuar con visión de largo plazo para no caer en las provocaciones cortoplacistas de una guerra comercial. 


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