Sigue el rechazo

Editorial
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Ahora son los cancilleres de varios países de América los que condenaron la ruptura del orden democrático en Venezuela y anunciaron que no reconocerán a la oficialista Asamblea Nacional Constituyente ni a los actos que emanen de ella por su carácter ilegítimo.


Venezuela recibió con desconfianza y recelo la declaración de los ministros de relaciones exteriores de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú que manifestaron su pleno respaldo y solidaridad con la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, democráticamente electa.

Muy bien hicieron los países firmantes que también acordaron que reconocerán únicamente los contratos de endeudamiento, refinanciamiento de títulos, concesiones, contratos de obra pública que firmen con el gobierno venezolano del presidente Nicolás Maduro si tienen la aprobación de la opositora Asamblea Nacional, en los casos que lo exige la Constitución; a pesar que no se acordó ninguna suspensión de relaciones diplomáticas contra el gobierno venezolano ni se anunció sanciones económicas aunque sí se habló del compromiso por mantener un seguimiento de la situación de Venezuela a nivel de ministros de Relaciones Exteriores.

Hubo hasta cancilleres que calificaron a Venezuela como una dictadura; a su vez, algunos cancilleres expresaron que no retiran su embajador pues tienen huéspedes venezolanos que les piden protección.

Mientras, en Caracas, durante la VI Cumbre Extraordinaria de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, Alba, el canciller venezolano Jorge Arreaza calificó la cita de los Ministros como una “mini Oea” y de ser parte de una conjura contra América que busca darle piso político al imperialismo norteamericano para seguir agrediendo a Venezuela. La misma retorica de siempre, desviando la atención de las verdaderas necesidades del pueblo.

El presidente Maduro, sin mencionar la cita de Lima, propuso a los miembros del Alba promover un diálogo con base en las normas del derecho internacional para restituir las reglas de convivencia con México, Colombia, Perú, Argentina, Chile, Paraguay, y Brasil. La posición de Perú, es clara y firme; el país que convocó a la cita de cancilleres, es crítico con el gobierno de Maduro y en marzo retiró a su embajador de Caracas luego de que el Tribunal Supremo se atribuyera las funciones del Congreso, controlado por la oposición.

El presidente de Perú, Pedro Kuczynski, un exbanquero de Wall Street, ha mantenido roces verbales con Maduro por abordar la necesidad de una acción conjunta para contener los problemas de Venezuela con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su gestión planea otorgar visas de trabajo temporales al menos a 6.000 venezolanos.

La crisis venezolana ha sido discutida varias veces en la Organización de Estados Americanos pero nunca se ha logrado un consenso en la propuesta del secretario general, el uruguayo Luis Almagro, de suspender a Venezuela del grupo si el gobierno de Maduro no celebra a la brevedad elecciones generales libres, justas y transparentes.

La cita de Lima ocurrió luego de que el sábado la alianza aduanera sudamericana Mercosur suspendió de forma indefinida a Venezuela por violar el orden democrático. Perú calcula que dos tercios de los países de la región estarán presentes en la cumbre, un número incluso mayor al esfuerzo en la década de 1980 del grupo Contadora para promover la paz en Centroamérica.

En los últimos cuatro meses las protestas antigubernamentales en Venezuela, que no lograron evitar las elecciones para los delegados de la Asamblea Constituyente, han dejado al menos 122 muertos y casi 2.000 heridos.


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