Una lucha de titanes entre dos antiguos aliados

Editorial
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El presidente Lenín Moreno y su predecesor Rafael Correa, aliados hasta hace unos meses, protagonizan una feroz lucha de titanes en la consulta popular de hoy domingo, cuyas preguntas podrían haber sido legisladas sin necesidad de acudir al pueblo. Una mera consulta callejera certifica que buena parte de la población votará de acuerdo con sus preferencias políticas por uno de los dos mandatarios, y que el sufragio que emitirán los ecuatorianos poco, o nada tiene que ver con el contenido de las siete preguntas.

Ante la ausencia de un verdadero debate en los medios de comunicación, como ha ocurrido, la consulta es un reflejo de la “polaridad” de la sociedad ecuatoriana desde hace años. La ciudadanía no logra familiarizarse con ciertas ideas clave de lo que está en juego por lo que no puede interpretarla fuera de la disputa personal Correa-Moreno.

Poco más de trece millones de ecuatorianos están llamados a las urnas para responder al paquete de siete preguntas de diversa índole: cinco forman parte del referendo y de ser aprobadas requieren enmendar la Constitución, y dos son de consulta, que exigen modificar la legislación. Incluyen la lucha contra la corrupción y la pederastia, la alternancia en el Gobierno, la explotación controlada de recursos, la derogación de la ley plusvalía o la reforma de un organismo público de regulación y control.

Lo que busca el presidente Lenìn es reafirmar el apoyo que tiene entre la ciudadanía, que ganó en las urnas el pasado mes de abril, un apoyo que no parece tan obvio si se tiene en cuenta que llegó al Palacio de Carondelet de la mano de Correa y bajo el paraguas partidista del ahora fraccionado movimiento de izquierdas Alianza País, con el que el ex mandatario gobernó Ecuador una década.

Las preguntas cruciales en la lucha política entre Moreno y Correa, enfrentados por discrepancias ideológicas, políticas y judiciales, son la segunda y la tercera. La 2 propone enmendar o derogar el llamado Consejo de Participación Ciudadana, emblema del correísmo, y la 3 acabar con la reelección indefinida de autoridades, lo que de facto impediría un eventual regreso de Correa a la arena política ecuatoriana.

Es indudable que la consulta servirá para medir el apoyo con que cuenta cada dirigente después de la ruptura del movimiento Alianza País en diciembre, y su fraccionamiento en dos grupos políticos. El voto real del morenismo va a ser el que logre sacar por encima de Guillermo Lasso en las últimas elecciones. Lasso es el líder conservador a quien Moreno venció en la segunda ronda electoral de las presidenciales de abril pasado por apenas 230.000 votos, y que hoy apoya la consulta al frene de la derecha, con el interés de borrar cualquier rastro de correísmo en el país.

Sí Moreno gana la consulta con un 70%, habrá que restarle los votos que obtuvo Lasso en abril para poder saber mañana, su apoyo real entre la ciudadanía y si éste es mayor o menor al que obtiene el campo del No, encabezado por Correa casi en solitario y por tanto, “un voto depurado”.

El escenario post-consulta para Moreno es muy complejo. Por un lado le va a resultar muy complicado consolidar el movimiento Alianza País que ha quedado en sus manos (por orden judicial) y por el otro, no podrá decir que (en la consulta) tiene un voto sólido a su liderazgo.

En cuanto a Correa, su campaña por el No ha sido un buen aprendizaje para él, porque es la primera vez en una década que lo hace desde la oposición, sin todo el aparato institucional y recursos partidistas a su servicio.
En este contexto, las incógnitas de cara al día después de la consulta es cómo capitalizará cada líder los resultados y qué margen de apoyo tendrá Moreno para gobernar, en momentos en que no cuenta con mayoría en la Asamblea.

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