Informalidad

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Quintero Olmos

Andrés Quintero Olmos

Columna: Pluma, sal y limón

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Hoy, la mitad de los trabajadores colombianos está en el sector informal, es decir, elude la regulación legislativa y el control fiscal y contable del Estable. Esto significa que esa mitad del país está desprotegida ante riesgos como la enfermedad o la vejez, además de las inadecuadas condiciones de trabajo. La situación es delicada y los políticos han querido históricamente mirar hacia otro lado. Lo preocupante es que, según estudio de Mondragón-Vélez, Peña y Wills (2010), el sector informal crece durante periodos de bajo crecimiento económico y es relativamente inelástico durante los periodos de alto crecimiento. En otras palabras, la informalidad no reacciona mucho al crecimiento económico. Sus causas provienen de variantes más profundas.


Una de esas causas es la rigidez del salario mínimo. Cada diciembre los sindicatos (que representan únicamente a los trabajadores formales, ¿quién representa a los informales?) y el Gobierno se sientan a negociar el aumento del salario mínimo. Si el salario mínimo lo aumentan mucho por encima de la inflación, pareciera que fuera un logro para los trabajadores. Sin embargo, el aumento del salario mínimo es el primer enemigo de la informalidad. Los altos costos de contratación hacen que las empresas no puedan ajustarse a los ciclos económicos y deteriora su capacidad formalizadora. Pocos lo saben pero el salario mínimo en Colombia es uno de los más altos de América Latina. Si lo comparamos con el de Chile, Brasil y México (Estudio Sánchez, Duque y Ruiz 2009) se constata que el colombiano casi que duplica a los otros, al tomar el salario mínimo como porcentaje del PIB per cápita. Aunque sea políticamente incorrecto decirlo, el salario mínimo colombiano es muy alto en relación a la capacidad económica nacional y su falta de flexibilidad nutre la informalidad, lo cual in fine perjudica al 100% de los trabajadores del país.

Otras de las causas son los costos no salariales que incluyen las primas, riesgos profesionales, cesantías, vacaciones, parafiscales y las contribuciones a salud y pensión. Estos representan en promedio el 58% del salario que recibe el trabajador, según estudio de Mondragón-Vélez, Peña y Wills (2010). Evidentemente los costos no salariales son descomunales y son otro obstáculo a la formalización laboral. Este último estudio ha logrado comprobar que un aumento de 10 puntos porcentuales de estos costos está asociado con un aumento de 5-8 puntos porcentuales en el tamaño del sector informal. Algo parecido ocurre cuando se aumenta el salario mínimo.

De este modo, tenemos que estar conscientes que mientras más aumentamos el salario mínimo y los costos no salariales, creyendo en espejismo que estamos mejorando las condiciones de los trabajadores, más crecerá el sector informal. Esto nos llevará indirectamente a ampliar los gastos del Estado tanto para el sistema subsidiado de salud como para los subsidios a la vejez, lo cual al final de la década nos hará entrar en una insostenibilidad fiscal, porque ya una mitad de la población no podrá mantener a la otra, al menos que se sigan aumentando los impuestos lo que significará, en círculo vicioso, otro auge de la informalidad.


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