El destape de la política colombiana

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Escrito por:

Cecilia López Montaño

Cecilia López Montaño

Columna: Opinión

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Lo que está sucediendo en Colombia actualmente es algo que millones de colombianos hemos esperado por décadas: el destape, es decir la verdad, de muchos de los que ejercen la política exitosamente en el país.

Entendiendo por éxito la acumulación de votos en las elecciones lo que se traduce en inmenso poder y manejo de inmensas cantidades de recursos públicos. Claro que es comprensible que en Sahagún y en todo el departamento de Córdoba estén realizado cadenas de oración. Por un lado, el Ñoño Elías realizó obras en su pueblo, que sus habitantes, olvidados históricamente por los políticos locales, vieron obras que no soñaron tener gracias a la eficiencia del cuestionado político. Pero la otra razón, es que muchos de los que impulsan estas oraciones pueden estar asustados de que los delaten. 

Muchos de estos escándalos que están hoy en la mitad del debate público y cercados por la justicia, se esperaban en amplios sectores del país. Pero como en Colombia no sorprende que de la noche a la mañana ciertos personajes se conviertan en riquísimos empresarios, sin que nadie los investigue por estar muy bien conectados con el poder, se creyó que en este caso pasaría lo mismo. Sin embargo, la dimensión de lo que se discute con el caso de Odebrecht es de tal magnitud y el empeño de los entes de control es tal, que claramente éste puede ser el principio de lo que se supone es la gran olla de la corrupción en que se convirtió la política desde hace mucho tiempo.

Nada más oportuno que esto suceda precisamente cuando empieza una campaña presidencial y además que se inicie durante la preparación de los candidatos para altas posiciones en el legislativo. No pueden ser tan descarados los senadores y representantes cuyos nombres están hoy en la picota pública, como para señalar a sus sucesores desde la cárcel, aunque esto mismo haya ocurrido con otros escándalos. Y el electorado colombiano no puede ser tan irresponsable, de ignorar que aquí no se trata de uno o dos individuos que son bandidos, sino de verdaderas redes familiares y de amigos que se han apoderado del poder regional y con ello de parte del poder nacional.  

La obligación que tenemos como electores es responderle al país, no eligiendo a nadie que tenga que ver con estos personajes que aprovecharon su posición para enriquecerse. No deben engañarse aquellos que se beneficiaron de distintas obras, como los habitantes de Sahagún, porque tal como van las investigaciones es muy posible que se descubran verdaderas redes delincuenciales, cuyos atracos a los recursos públicos les permitían cumplirle en algo a sus electores, pero quedándose ellos con buena parte de los fondos que financiamos todos con nuestros impuestos. 

Probablemente este destape no se quede en Córdoba, que hasta ahora tiene el mayor desprestigio político del país, sino que se extienda a muchas otras regiones. La corrupción es como una plaga y no hay razones para pensar que este escándalo será el único. Ojalá fuera así porque es muy triste reconocer que esto se repetirá. Desafortunadamente la corrupción política que no es nueva, ha contaminado a mucha más gente de la que quisiéramos. Lo importante es que siga el destape a ver si logramos una verdadera renovación de la política, que como se ha visto hasta ahora, no es un problema de edad. Algunos políticos jóvenes podrían ser mucho más ladrones que los viejos. Amanecerá y veremos.


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