La corrupta izquierda

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alejandro Ordóñez Maldonado

Alejandro Ordóñez Maldonado

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]
Es habitual verlos en la plaza pública, en el Congreso de la República o en sus despachos ministeriales hablando de la necesidad de que Colombia combata frontalmente la corrupción. Autoproclamándose adalides de la lucha contra este flagelo.

Es como si creyeran que hay corrupciones buenas y corrupciones malas. Es como si los líderes de la izquierda hubieran olvidado que sus partidos políticos han sido parte activa del robo miserable a los recursos de los colombianos, el cartel de la contratación en Bogotá, por ejemplo. 

Igual de grave: es como si ahora quisieran que la sociedad olvidara que ellos, justamente ellos, promovieron, avalaron y se beneficiaron políticamente del mayor acto de corrupción en nuestra historia.

Sí. La corrupta izquierda decidió aliarse con el gobierno de Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras para ser corresponsable de la entrega del poder político y económico a la guerrilla de las Farc. Hoy padecemos todas las consecuencias de ello.

Gracias al respaldo de la izquierda, los responsables de genocidios, crímenes de lesa humanidad, asesinatos, secuestros, violaciones de niños y extorsiones cogobiernan el país; gracias a ellos sus millonarios recursos manchados de sangre transitan hoy en las economías internacionales como consecuencia de la mayor operación de lavado de activos de la historia; gracias a ellos el narcotráfico se convirtió en un delito político y los capos nadan en dólares mientras Colombia nada en cocaína; gracias a ellos las Farc tienen un instrumento 

judicial para perseguir y juzgar a los colombianos que las combatieron; gracias a ellos la impunidad es ley en el país y los bandidos perdieron el miedo a la autoridad.
Gracias a ellos “Timochenko” quiere ser presidente y los impuestos de la ciudadanía servirán para pagar su campaña.

Aunque pretendan llevarnos a los corrales del socialismo del Siglo XXI y arrodillarnos como a Venezuela, no pretendan también engañarnos con su doble moral y su cambiante proceder electoral. No digan que no lo advertimos y no se escandalicen por las consecuencias de sus actos. No sean corruptos. No olviden que para llorar se necesitan lágrimas en los dos ojos.


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