Sobre el Teatro del absurdo de Eugène Ionesco

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Opinión

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Eugène Ionesco nació en Slatina, Rumania, en 1912. De padre rumano, su madre era francesa. Él tomó esa ciudadanía. Desde muy joven Ionesco ideaba piezas teatrales para divertirse. Sobra decir, pues, que siempre imprimió humor a sus obras. Cuando apenas tenía un año pasó a vivir a Francia, aunque volvió a Rumania y allí se licenció en francés.

 Tal vez la obra que más se recuerda de Ionesco es ‘La cantante calva’, escrita en 1950. Esta es una comedia de un acto caracterizada por el surrealismo, sobre todo en el aspecto verbal. La comicidad de esta obra se fundamenta totalmente en el absurdo. De hecho, es el absurdo el sello que imprimirá a sus piezas teatrales y, por ende, lo que identifica a las obras de Ionesco. ‘La cantante calva’ está compuesta por una serie de diálogos que imitan las frases incoherentes tal como aparecerían en manuales de conversación en una lengua extranjera. Este recurso proporcionó a Ionesco una fuente cómica inagotable, mediante la mezcla desordenada de los elementos de las frases. Ese lenguaje adquiere en ‘La cantante calva’ el carácter de protagonista, pues el autor construye nuevas palabras y hace que toda la obra esté impregnada de una vivacidad que no da respiro al espectador, quien, a la salida debe sacar sus propias conclusiones sobre una obra que necesariamente debe parecerle absurda.

     La creatividad de Ionesco dio origen también a ‘La lección’ (1951), ‘Las sillas’ (1952), ‘Víctimas del deber’ (1953), ‘Amadeo o cómo salir del paso’ (1954) y ‘Jacques o la sumisión’ (1955). En las dos últimas Ionesco trata temas metafísicos, mostrando la sociedad humana privada de realidad y envuelta en la nada.

     Ionesco ataca a Bertolt Brecht y el teatro social que este creó en 1956. En efecto, el teatro de Ionesco se convierte en una denuncia social: produce entonces ‘Asesino sin paga’ (1957) y, sobre todo, ‘El rinoceronte’ (1959), obra inspirada en la subida del fascismo que el propio Ionesco vivió en Rumania entre 1937 y 1938. Allí el autor fue testigo del cambio súbito que sufrieron muchos de sus amigos y de cómo la comunicación entre ellos se volvió imposible. Según Ionesco el fascismo es una enfermedad que convierte a todas las personas en rinocerontes. En la obra se advierte claramente la influencia de ‘La metamorfosis’ de Kafka. ‘El rinoceronte’ critica todo tipo de totalitarismo; ese solo hecho la convierte en una gran obra.

     Otras piezas teatrales de Ionesco son ‘El rey se muere’ (1962), ‘El hambre y la sed’ (1966) y ‘Macbeth’ (1972). En el panorama del teatro del siglo XX Ionesco se sitúa cerca de Samuel Beckett, aunque con menos fuerza poética. El pensamiento de Ionesco puede   comprenderse a partir de sus propias expresiones: “El arte es inútil, pero el hombre es incapaz de prescindir de lo inútil.” “La libertad de la fantasía no es ninguna huída a la irrealidad; es creación y osadía.” “Pensar contra la corriente del tiempo es heroico; decirlo, una locura.”

“Solo valen las palabras. El resto es charlatanería.” “Una idea es verdad cuando aún no se ha impuesto.” “Si es absolutamente necesario que el arte o el teatro sirvan para algo, será para enseñar a la gente que hay actividades que no sirven para nada y que es indispensable que las haya.” Antes de terminar esta nota, citemos solo dos de las características del teatro del absurdo: “Al escritor no le interesa narrar una historia sino exponer una situación.” “Las tramas parecen carecer de importancia, pero la tienen.”

     Eugène Ionesco fue nombrado miembro de la Academia Francesa en 1970. El 28 de marzo de 1994 falleció en París el padre del Teatro del absurdo.

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