mié, 23 may

Actualizado:04.05.2012 05:44

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Llego la hora de tomar al toro por los cuernos

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PobreEl mejor 

Riohacha, la otrora ciudad amable y anfitriona por excelencia, se nos ha convertido en un verdadero polvorín en el cual cualquiera está expuesto a cualquier cosa.

Con tristeza, los riohacheros raizales vemos como nuestro terruño se ha venido deslizando por la cuesta de la delincuencia, la corrupción, la violencia en todas sus formas y, lo que es peor, la impunidad.

La ola de asesinatos selectivos no se detiene, el boleteo, la extorsión, el secuestro, la delincuencia común, el micro narcotráfico, la prostitución prepaga, la indigencia desplazada también hasta nuestro entorno citadino y la lucha armada por el control del territorio entre organizaciones armadas por fuera de la ley, han convertido a la ciudad y sus alrededores en tierra de nadie, en donde impera la ley de la selva.

Con un índice de inseguridad y de violencia desatada que no lo hubiéramos podido ni soñar hace apenas diez años, y los entes de control permanecen en un limbo inexplicable, ausentes de la realidad, se esconden tras acciones banales que no conducen a nada distinto de empeorar la situación que cada día alcanza niveles cada vez más altos en su gravedad, y no pasa nada.

El pueblo está en manos de los delincuentes, mientras las autoridades tal parece que solo se dedican a constreñir aun más al ciudadano que trata de ganarse el pan de cada día en un vehículo venezolano alimentado con gasolina venezolana de pimpinas por su costo y al que trae alimentos venezolanos y bebidas también extranjeras desde Maicao para venderlas a bajo precio en la ciudad contribuyendo a la baja de la canasta familiar que nos favorece a todos, incluidos los agentes de la ley y el orden que las decomisan, mientras por sus narices circulan las letales motos con sicarios dedicados al asesinato selectivo, al robo a mano armada, a las violaciones a jóvenes y menores, y a otras tareas propias de antisociales, sin que hasta ahora se vea algún resultado eficaz de las labores policiales en contra de estos delincuentes, pero si vemos todos los días el informe de las cantidades de alimentos venezolanos decomisados, de gasolina y ACPM decomisados y de vehículos venezolanos inmovilizados, golpeando duramente la economía de aquellos que se dedican a obtener su sustento desde estas actividades comerciales, dejándolos desarmados frente a la necesidad de auto sostenimiento y orillándolos a engrosar el número de personas que se dedican a la delincuencia como fuente de sustento para su supervivencia.

Se avecina un Concejo de Seguridad con altas autoridades a bordo, incluidos ministros y directores de instituciones castrenses en Riohacha, un espacio en el cual se deben plantear las cosas como son y llamarlas por su nombre, una instancia a la cual se le debe dar participación a las fuerzas vivas de la ciudadanía para que expresen ante estas instancias la verdadera situación que se vive en Riohacha y La Guajira, que nos e vea el problema solo desde la óptica de los comandantes de los entes de control y autoridades policivas porque la realidad nos muestra que eso no es suficiente, que se establezcan los posibles vínculos existentes entre los estamentos oficiales y la delincuencia a través de la corrupción, que se planteen cambios radicales orientados a resolver el problema desde sus verdaderas raíces y no a seguir aplicando pañitos de aguas tibia a una situación ya insostenible que necesita y exige que al toro se le tome por los cuernos.

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