mié, 23 may

Actualizado:04.05.2012 05:44

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Las verdades en la concertación de Aremazhaín

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El jueves 3 de marzo, La Gobernación Departamental desarrolló su rendición de cuenta a La comunidad de La Guajira. Allí el Gobernador presentó sus más importantes realizaciones en torno del Plan Departamental de Agua, infraestructuras educativa, turística y deportiva. Igualmente, se reflejaron las diferentes actividades que se desarrollan en la población wayuu a través del programa Guajira sin Jamushiri. Todo fue sin contratiempos y en un entorno de muchos aplausos, el evento se canceló y el gobernador salió con la frente en alto y henchido del regocijo por sus objetivos cumplidos por el bien de la población.

Hasta allí todo fue normal. El día 12 febrero en Aremazahín – Corregimiento del Municipio de Manaure, en medio de la reunión de concertación del Plan Nacional de Desarrollo con las etnias de La Guajira, el mismo gobernador se dirigió a los grupos indígenas asistentes que llenaron la cancha polifuncional de internado indígena, para presentar su realizaciones más importantes en beneficio de las comunidades étnicas. A partir de allí la agenda del evento varió y lo que parecía una simple reunión de trámite, se volvió una evaluación de la gestión administrativa de frente al gobernador, en donde este no salío bien librado.

Los líderes comunitarios y los más importantes palabreros de la etnia wayuu dijeron, que La Guajira seguía siendo la misma y que el gobernador ignoraba su visión de desarrollo, es decir que no los incorporaba en el modelo de gestión administrativa. Algunos líderes fueron más allá, al decir públicamente que las obras del gobernador no se veían, que él no los representaba y que era importante salirlas a buscar e identificar ya que de pronto ni existían.

Un golpe duro para el mandatario de los guajiros en presencia del Ministro del Interior y de Justicia y otros funcionarios del nivel nacional. En un tenso auditorio se llevó a cabo la segunda fase de la reunión, en donde debía establecerse un acta de concertación que finalmente fue fallida dado que los wayuu se negaron a reconocer esa reunión como de concertación. Para los wayuu la concertación era entendida como un gran acuerdo previo la discusión de los puntos que tienen pertinencia dentro de su visión y modelo de desarrollo. Con ello al gobierno nacional en cabeza del ministro del Interior que venía por un acta firmada tuvo que irse con las manos vacías. Otro duro golpe para el gobierno nacional y su representación en el evento.

En la reflexión sobre lo que pasó en dicha convocatoria surgen muchos interrogantes en múltiples frentes en el ámbito de las relaciones gobierno y las etnias de La Guajira. ¿Cómo pude cambiar las percepciones sobre la gestión del gobierno departamental en menos de 10 días?, ¿ son los wayuu intolerantes y altaneros?, ¿ a los wayuu no se abren social y políticamente a los procesos de concertación?

Lo que este medio percibió en torno del acta de concertación del Plan Nacional del Desarrollo, es la aparición de un lenguaje de unidad y una puesta de acuerdo previo al evento por parte de sus más importantes actores, como los fueron la señora Adelaida Vangrieken, Jhon Jairo Iguarán y otros más que tomaron la palabra en nombre de los wayuu, lo cual refleja el ejercicio y el reconocimiento directo de su autonomía. El mensaje quedó claro y de manera contundente. Si el gobierno nacional y departamental quieren hablar de desarrollo tienen que involucrar a visión propia que al respecto tienen los wayuu. Los gobiernos territoriales no pueden estar haciendo obras y acciones en nombre de los wayuu a quienes nunca se les concertó. Con ello, esta población quiere y desea trascender más allá de ser simple instrumento que solo se usa en el periodo electoral y pasar a ser un sujeto vivo y activo para el desarrollo endógeno como pueblo.

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