Después del Festival Francisco El Hombre y con mucho guayabo, la ciudad de Riohacha retomó su rumbo cotidiano. Lo primero que se asomó a la agenda, fue el homenaje que la sociedad civil el lunes muy temprano, le tributó a los profesores Marcos Pedraza y a Juan Palacio Brugés. Este reconocimiento cívico es muy especial y significativo por diferentes hechos en la cual se fusiona la historia de vida de los homenajeados y los hechos que se dieron para que estos voluntariamente pudieran acceder y asistir a los actos de honores que se planificaron para ser desarrollado durante el día.
Desde hace muchísimo rato y por diferentes generaciones Marcos Pedraza y Juan Palacio tejieron juntos y por separado una misma historia. Se trata de la historia del futbol local, y con ello se convirtieron en la luz y la esperanza de diferentes muchachos de los Barrios Arriba y Abajo. Entre los dos había mucho en común. En la cuadrícula semiurbana de Riohacha en la parte superior de la década de los años sesenta y la totalidad de los setenta, Marcos Pedraza y Juancho Palacio, con sus fuertes convicciones se trenzaron en un proyecto por construir ciudad y ciudadanos con el deporte.Marcos Pedraza, lo hacía desde el Colegio Divina Pastora, con un enfoque confesional que lideraba su rector, el padre italiano Tarsicio de Ripacorbaria, originario de la región de los abruzzos e hincha del Pescara, hoy en el torneo de la B en la liga italiana. Juan Palacio, desde sus clases de educación física, siempre defendió la educación del libre pensamiento y de la concurrencia social, que se propiciaba en el Liceo Nacional Padilla, entusiasmado por el modelo de desarrollo del futbol que se daba en la ciudad de Santa Marta, a donde constantemente viajaba para ver los nuevos esquemas y estilos de dirección del otrora Ciclón Bananero, que hoy también se encuentra en la B del futbol colombiano.
Dos profesores, dos jugadores de futbol de la Selección Guajira de 1959, dos modelos de trabajo y un proyecto, que se resumía en hacer crecer a sus estudiantes a través de la integración y las competencias futbolísticas. A través de ello se fortalecían las competitividad académica, ya que el mal estudiante no jugaba en el siguiente partido, se le quitaba transitoriamente la posibilidad de tocar el cuero de la “número 5”. Ambos propiciaban la integralidad en la formación. Ellos dos dirigían a estudiantes, que con sus accionar en las aulas y en el campo de juego, se convertían en los modelos sociales que emulaba la siguiente generación.
Marcos y Juancho le brindaron a la ciudad de aquellos tiempos su más importe espacio de encuentro, que se vitalizaba en cada uno de los sábados y domingos del calendario escolar. Igual cosa sucedía en la “semana estudiantil”. En el estadio Federico Serrano Soto, un clásico de futbol entre la Divina Pastora y el Liceo Padilla, paraba los pelos, nadie podía faltar y no se podía empatar. En ellos se escogían a los mejores futbolistas que se complementaban con los que se traían de Maicao, Barrancas y Fonseca. Su preocupación, era encontrar el mejor equipo para los juegos nacionales o el campeonato nacional de futbol aficionado. Era la posibilidad de mostrarles a sus estudiantes el mundo nacional por fuera de una Guajira rural y aislada. Todos ellos trabajaban duro para salir y conocer. Era un premio a la dedicación y al empeño.
Solamente ellos sabían que hacían y cuáles eran sus secretos para administrar desde el futbol a una ciudad de estudiantes. Desde allí le ponía orden, disciplina y control a todas las demás actividades en la aldeana Riohacha. Sus impactos no solo fueron en lo académico. Su mejor época vino en 1965 en donde La Guajira quedó de subcampeón de futbol. Toda esa historia de vida, se reafirma con los hechos que actualmente se reconocen, en donde sólo hasta ayer aceptaron la tributación del homenaje en vida por parte de la sociedad civil, sin pergaminos oficiales y sin discursos politiqueros. Una caminata y varios partidos de futbol en la playa bastaron para que ellos volvieran a sentir la unión y el calor de la gente que formaron con rigor y que nuevamente se congregaron procedentes de Medellín, Bogotá, Barranquilla y Santa Marta y Maicao.
Marcos y Juancho, dos hombres de futbol que le huyeron y se apartaron de los homenajes ofrecidos por una institucionalidad pública. No lo quisieron, rechazaron esas ofertas. En sus criterios las entidades gubernamentales tienen abandonado al deporte y hacen de él un motivo para sacar o dar un contrato y no para construir sueños con proyectos deportivos de mediano y largo plazo.





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