Quinto domingo de Cuaresma

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Hoy 18 de marzo la Iglesia celebra el quinto domingo de Cuaresma. El Evangelio del día corresponde a la lectura de Juan 12:20-33.

 

A continuación puede leer el Evangelio y la homilía del Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile), Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez:

Evangelio del día Juan 12:20-33:

20 Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta.
21 Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús.»
22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
23 Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.
24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.
25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna.
26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!
28 Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.»
29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.»
30 Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.
31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.
32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»
33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

Homilía de Mons. Bacarreza:

En el Evangelio de este V Domingo de Cuaresma Jesús anuncia abiertamente la inminencia de su muerte. Antes, en diversas ocasiones, los judíos habían intentado matarlo, pero esos intentos había fracasado, porque, según explica el evangelista, “todavía no había llegado su hora” (Jn 7,30; 8,20). Ahora Jesús declara: “Ha llegado la hora”. Ahora esos intentos alcanzarán su objetivo.

Jesús explica el sentido de su muerte próxima tomando una comparación de la naturaleza: “En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y no muere, queda él solo; pero, si muere, da mucho fruto”. Aplicada a la vida humana, esta afirmación es tan contraria a nuestra inclinación natural y tan incomprensible para nuestra inteligencia, que Jesús la hace preceder de la fórmula propia de la revelación: “En verdad, en verdad os digo”. Nos está revelando algo: no se da vida, si no se muere.