La ranchería de La Paz

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: [email protected]
La humanidad debe conservar la paz, como su mejor patrimonio. Jesús Iguarán


Definitivamente para poner en marcha la paz, se debe empezar por el rechazo a la violencia. En este ejemplo se han caracterizados los clanes indígenas Epieyú y Uriana, radicada en La Paz, una ranchería que dista a cinco kilómetros de la carretera que une Maicao y Riohacha, allí hacen honor a su nombre, han aprendido sabiamente las técnicas de solucionar los conflictos, además las habilidades constructivas que ayudan a evitarlas, igualmente solucionar y garantizar la paz con eficacia, devolver la esperanza y la tranquilidad a los peligros que puedan surgir entres castas wayuu.

La familia Ramírez, de ideología política conservadora por herencia, tradición y convención, se radicó en esa región en la década de los años cuarenta, desde la fecha han cultivado la paz, extinguido la ira y la intolerancia, han conservado una sociedad en armonía muy deseable para el bienestar propio y ejemplo para el progreso de la humanidad, han adoptado una estrecha hermandad inseparable que hoy ha sido ejemplo para erradicar las amenazas, las imposiciones, el terrorismo y antes de apelar a la eficacia dolorosa de las formas violentas, invocan la razón de sus asociados, allí se propaga un amplio consenso al respeto y a la fraternidad.

Para extinguir la barbarie, frenar el terror, aplacar la crueldad y aniquilar el salvajismo, emplean como arma la razón. En esa pequeña ranchería solo se concibe la paz estable y duradera, se practica la tolerancia, se ejerce el perdón, se vive sin violencia, se sigue la ética de moderación que valore la dignidad y el valor humano, se ignora la soberbia y se conserva la obediencia como la peor arma con que han matado el peligro.

Debido a su paz estable y duradera los ex presidentes Guillermo León Valencia, Belisario Betancur, Misael y Andrés Pastrana siendo aún candidatos visitaron esta ranchería, pocos meses después se convirtieron en inquilinos de la Casa de Nariño.

Las curiosidades también desfilado por este caserío, el presidente Valencia fue llamado el presidente de La Paz, Belisario por tres veces debatió por la presidencia de la República y no alcanzó su pretensión, a la cuarta se acercó a “La Paz” y el 7 de agosto de año 1982 se juramentó como presidente, Andrés Pastrana, visita la ranchería después de hacer perdido el primer debate con Horacio Serpa, sin embargo, también para llegar a la presidencia debió pasar por La Paz, Lucas Gnecco Cerchar, en su adolescencia no hubo semana que no asistiera a casa de Josefina “INA” Barros, esposa de Gabriel Ramírez uno de los fundadores del caserío, hoy a sus 95 años es la única matrona que nos queda. La constante llegada de Gnecco Cerchar a la paz le sirvió para que se hiciera dos veces gobernador de departamento del Cesar.

Nobel como Gabriel García Márquez, sacerdote como el padre Alberto Linero, al igual que los presidentes han estamparon su firma en el libro que esta familia conserva como la biblia de los personajes que la visitan.

“La paz” es tan ambicionada, que para llegar a ella existen infinidades de caminos, pero no existe el riesgo de perderla, todos los caminos conducen a la paz, pero, no aquella paz que se encuentra en los sepulcros, sino la paz basada en justicia, la paz que anhela libertad y detesta la violencia.

Al referirse a la paz Juan Pablo II dice que “no hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón”, según Einstein, no puede encontrarse por la fuerza, solo por la comprensión; Gandhi reconoce que “la paz es el camino”; para Juárez es “el respeto al derecho ajeno”, Buda afirma: “viene de dentro y no de afuera”, y este humilde wayuu agrega, que la humanidad debe conservar la paz como su mejor patrimonio.

Desde esta ranchería desconocida, desheredada de la fortuna y tal vez árida, invito al país a labrar la paz a poseer la tranquilidad como abono y pronto recoger aquella cosecha que todos esperamos, de verdad y de justicia