Crisis de desnutrición en La Guajira

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Según el Instituto Nacional de Salud, en el primer trimestre de este año hubo 16 muertes de niños con diagnóstico de desnutrición en La Guajira.

Además, de acuerdo a esta misma entidad, en 2017 murieron 45 menores por esta problemática, mientras que en 2016 la cifra fue de 92.
Por su parte, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) advirtió que encontró a 248 menores con riesgo de desnutrición en un recorrido por el departamento realizado este año. Ocho de ellos presentaban casos severos y graves.

Si bien estos indicadores apuntan a que la situación ha mejorado, también muestran que las acciones del Estado han sido insuficientes para frenar la pérdida de vidas en la Alta y Media Guajira.

Más importante aún, estas estadísticas, si bien siguen siendo preocupantes, no dejan de ser unos datos fríos que no reflejan la realidad que se vive en esa zona del país.
No cuentan, por ejemplo, que muchos niños de las rancherías wayuu se acuestan a veces sólo con una taza de chicha en su estómago, ni que el agua que consumen en algunos resguardos es de color marrón y está llena de nitratos y bacterias.

Tampoco muestran que la crisis de desnutrición ha empeorado por la crisis social y económica que vive Venezuela, ni que por culpa del cambio climático durante cinco años prácticamente no llovió en algunas zonas del departamento.

La Guajira es una región de contrastes. Tiene en El Cerrejón a una de las mayores minas a cielo abierto de carbón en el mundo, pero también posee uno de los mayores índices de pobreza extrema.

De igual forma, mientras miles de familias wayuus no tienen acceso al servicio de energía o al agua potable, a pocos kilómetros, en medio del desierto, se adelantan novedosos proyectos de energía eólica y solar.

Vanguardia Liberal dialogó con Rosa Matilde López Barliza, líder wayuu e integrante del clan Uriana, quien desde hace 22 años es la representante de las comunidades indígenas ante la Fuerza Pública. Ella es, además, una de las gestoras de la ‘Ruta del Agua’, una iniciativa que nació en Santander de la mano de la Segunda División del Ejército y que ha logrado reducir a cero la muerte de niños en 17 comunidades wayuu de la Alta Guajira.

Ella cuenta cómo es la difícil situación que se vive en las rancherías y no duda en criticar al Gobierno porque, según ella, no ha hecho lo suficiente para atender la crisis. ”En una ranchería, la primera fuente de economía es el chivo, pero la falta de agua y la sequía han llevado a que no haya pastos. Los animales se han disminuido, se han muerto. Un niño muchas veces se acuesta solo con una ‘chichita’ (diminutivo de chicha). Y si hay comida, comen una vez al día. Un niño de esas zonas no conoce lo que es una merienda, una gelatina o un yogur”. Aseguró.

Así mis comentó que el agua que generalmente consumen en algunos casos son causantes de enfermedades. “No solo de desnutrición se mueren los niños de La Guajira. Ellos sufren de gastroenteritis, erupciones en la piel, infecciones en la boca, de muchas enfermedades generadas por el agua Y a veces los indígenas no tienen ni como salir del resguardo para ir a un pueblo a que los atiendan, pues hay rancherías que no tienen acceso a vías”.

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