Columnistas de La Guajira

Alberto Linero Gómez

Columna: Orando y viviendo

e-mail: palbertojose@hotmail.com
Hemos hablado algunas veces de esa página maravillosa del evangelio en la que Jesús cuenta de los hombres a los que les dieron un dinero mientras el jefe se iba de viaje, y el último de los hombres tuvo miedo y enterró el dinero para devolvérselo intacto al jefe a su regreso. Por supuesto que al jefe no le gustó mucho eso, pues se lo había entregado para que lo trabajara, para que se ocupara con eso, para que lo pudiera en acción, y claro, si obtenía alguna ganancia pues mejor. Pero pienso que el miedo y también la pereza fueron la excusa perfecta de aquel tercer hombre para quedarse con los brazos cruzados sin hacer nada.
No tengas miedo de los problemas. Ellos son maestros de vida. Tras de cada uno de ellos hay lecciones que aprender o desaprender.
No tengas miedo de los problemas. Ellos son maestros de vida. Tras de cada uno de ellos hay lecciones que aprender o desaprender.
Era común en las señoras de la calle en la que crecí, usar una expresión cuando otras personas les hablaban de lo que consideraban compromisos y obligaciones. Cuando alguien se acercaba a una de ellas y le decía algo como “pero mira, tú lo que tienes que hacer es esto...” ellas normalmente respondían, “no señor, yo lo único que tengo es que morirme” haciendo referencia a que las obligaciones no siempre lo son, y a que muchas de las cosas que nos exigimos a nosotros mismos o que nos exigen los demás no tienen ninguna razón de ser.
En los momentos de ocio –que son pocos- comienzo a buscar canciones que me gustan y me dejan algo en mi corazón. El otro día volví a escuchar “Contigo” de Joaquín Sabina y me hizo reflexionar en torno a los amores que matan. ¿Cómo es un amor que mata? Son amores que te niegan toda posibilidad de ser. Sí. Cuando tú no puedas ser libremente y tengas que dar cuenta de todo lo que haces o piensas o simplemente tienes que asumir poses que no son las tuyas, es porque se te está negando la oportunidad de ser tu mismo.
¿Por qué no funcionan bien las relaciones interpersonales de los miembros de un equipo? Me preguntó el joven con una actitud de filósofo griego. Su pregunta me pareció muy  importante porque creo que la vida de los humanos se realiza en medio de equipos. La familia es un equipo; el trabajo se realiza en medio de relaciones grupales, las amistades tienen características de equipo de trabajo cuando buscan el disfrute. Saber por qué no funcionan los equipos podría dejarnos tareas bien puntuales a cada uno de nosotros que queremos ser mejores. Seguro que no tengo una respuesta definitiva a esta pregunta, pero si quisiera proponerte algunas reflexiones.
La fe implica tener la certeza de que por muy difícil que esté la situación siempre Dios mostrará su poder y podremos alcanzar la victoria. Victoria que no está limitada por los conceptos triunfalistas y materialistas del ser humano sino que corresponde al sentido de la vida y a la plenitud del ser.
Creo que no podemos seguir viviendo en una sociedad en la cual ha desaparecido el sentido de culpa, una en la que se relativiza la responsabilidad que tenemos en acciones que nos dañan y también causan daños en los demás.
El futuro no está en nuestra manos, no sabemos que noticia podemos recibir que nos haga sufrir o que nos quite la paz. Está en nuestras manos el presente. Y por eso tenemos que hacerlo con inteligencia, sabiduría, valentía, amor y bondad. No podemos descuidar nuestras decisiones y acciones. Tenemos que recordar que ellas son las que nos llevan al futuro. Considero que es fundamental para ser feliz actuar con compasión. Esto es, que entiendas que la historia la realizamos todos, relacionándonos y construyendo proyectos que nos benefician o nos lastiman a todos; debemos ser conscientes que, por mucho que lo intentemos, no podemos hacer la vida sin tener en cuenta al otro, al que está a nuestro lado. Ser compasivos es comprender que el otro necesita de mí y que así como a mí me duele lo malo que me pasa a los otros también les duele. Sentir al otro es fundamental para poder hacer un buen proyecto de vida.
El perdón es una experiencia humana. Todo el que quiera ser feliz tendrá que aprender a perdonar. No es fácil perdonar pero tampoco es imposible. Es una decisión que empuja las emociones. Por eso no puedes pretender esperar que tu corazón esté en paz para perdonar sino que debes tomar la decisión de perdonar y de esa manera lograr que tus emociones se armonicen y te hagan experimentar el sosiego y la serenidad que se requiere.
Bueno, diría Luis tejada en su libro de crónicas refiriéndose a “el optimismo” y en uno de sus apartes”...el pesimista como la ciencia, elabora sus teorías sobre experiencia de los hechos. Su concepto del mundo es sombrío, doloroso y aparentemente absurdo...”
Quisiera comenzar este es de reflexiones haciéndoles conscientes de que sólo podemos construir una vida feliz si somos capaces de saber cuáles son nuestros miedos, enfrentarlos y vencerlos. Es importante tener claro que es lo que nos causa miedo, a qué le tememos. Muchas de nuestras reacciones negativas son ocasionadas por nuestros miedos interiores. No conocerlos nos deja a merced de ellos. Muchas mamás y papás se dejan manipular, despreciar y maltratar por sus hijos porque tienen miedo a perderlos y ese miedo se vuelve su principal cadena e imposibilidad para resolver positivamente la situación. Muchos miembros de pareja tienen miedo a perder su pareja y por eso haciendo de “alfombra” soportan todo lo que sea ya que sus miedos es más fuerte de cualquier capacidad de decisión para liberarse. Muchos seres hermanos por miedo a la soledad actúan de manera autodestructiva con tal de ser aceptados y valorados por algunas personas.
Es conocido para muchos que la familia es el grupo humano primario en la vida de toda persona, es en la familia donde se aprenden las formas de comportamiento básicas para luego interactuar con el mundo, nuestras reacciones y formas de relacionarnos dependen mucho de nuestro ambiente familiar. Es en ella donde aprendemos a recibir y expresar amor, seguro que debemos revisar en este día nuestras relaciones familiares y encontrar ahí respuestas a nuestras maneras de vivir hoy.
En este tiempo de cuaresma debemos tener presente el amor de Dios que se hace presente en la entrega, en el sacrificio de la cruz. Allí se muestra que Dios nos ama infinitamente. Es es el amor que lo vence todo. Amor que le gana a la muerte. Dejemos que ese amor nos toque y vivámoslo.

1. La expresión plena del amor de Dios es la cruz. Esta no es entendida sólo por Juan como la brutal negación del proyecto de Jesús quehacer los hombres sino como la consumación del amor de Jesús: Juan 19,28-30 (la palabra que se usa hasta el extremo, hasta el fin en griego tiene el sentido de consumación, cumplimiento, perfección.

2. Esta manifestación del amor divino se hace desde una de las características del amor humano la unidad del amor y el dolor. No hay amor humano sin dolor, así el amor divino llega a la consumación en el dolor de la cruz

3. Un amor que nos toca. Un amor que quiere abrazarnos en los brazos abiertos de Jesús en la cruz, somos participes de ese amor Juan 12,32

4. Amor libre: que se entrega incondicionalmente. Amor que pone la vida en juego por el otro Juan 15,13

5. Amor que no es sentimentalismo pasajero sino que es realidad que nos pide permanencia (estar en la casa del Padre, habitar su casa Juan 15,9) y en obras concretas (permanecer, cumplir sus mandamientos) Juan 15,10

6. Es un amor que no toma ni posee sino que se da. No es el amor que posee y hace que el otro sea como yo quiero que sea, sino que ama en libertad. (Pigamalion). Sentirnos amados por el amor de la cruz, allí lo vencemos todo.

Hoy siente ese amor y sé feliz. Te bendigo.
Nos advierte el papa Francisco en Evangelio Gaudium: “No a la guerra entre nosotros”. Dolorosamente el mundo no conoce otra solución a los conflictos que la guerra, el odio, el salir a destruir al otro y tratar de hacer que este, que me es contrario, no exista más. Todos los días asistimos a nuevas guerras o a nuevas manifestaciones de guerras viejas. Asistimos a la época en que todo se vuelve una gran excusa para insultar, maltratar, ofender y eliminar al otro.

En las redes sociales tenemos todos los días ejemplos de personas que expelen odio por todos los poros de su ser. Nos encontramos con un discurso siempre despectivo, despreciativo y ofensivo de aquel que considera su enemigo. Juicios, epítetos, groserías, humillaciones, etc., son el pan diario en las redes sociales. Se busca que el otro no exista y se le hace la guerra con todas las herramientas que se tenga.

Un cristiano no puede actuar así. Ser cristiano es vivir en el amor, en el perdón, en la generosidad y en la misericordia. No se puede ser cristiano y estar enfermo de odio. No podemos pretender vivir la fe en Jesús desde valores que niegan completamente su propuesta existencial. “La modernidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica. Además, algunos dejan de vivir una pertenencia cordial a la iglesia pro alimentar un espíritu de “internas”. Más que pertenecer a la iglesia toda, con su rica diversidad, pertenecen a tal o cual grupo que se siente diferente o especial”, Eso te dice hoy a ti el papa Francisco esperando que cambies y seas mejor ser humano.

Nosotros tenemos que dar testimonio de Unidad (Juan 17,21), de saber resolver los conflictos sin aplastar a nadie o sin negarle a nadie la oportunidad de vivir dignamente. Tenemos que estar dispuesto a no buscar vencer el mal con el mal (Romanos 12,21). Hay que hacer el esfuerzo de hacer el bien, de buscar que todos tengamos posibilidades de realizarnos, como dice Pablo: No nos cansemos de hacer el bien (Gálatas 6,9). Es necesario hablar más de perdón, de reconciliación, de comprender al otro y de buscar soluciones que nos favorezcan a todos. Hay que desterrar el odio y las palabras insultantes de nuestro ser. Tenemos que vivir a la manera de Jesús.
En estos días he estado investigando en torno a cómo alentar a los otros, a las personas que están a mí alrededor y que necesitan ser motivadas para seguir adelante.
Me considero una persona feliz. Y no me considero feliz una persona, feliz porque no tengo problemas, sino porque lucho cada día para superarlos y no dejarme vencer por ellos. La experiencia de salir victorioso de una situación difícil me llena de ánimos para continuar dando la batalla. Yo quiero invitarte a que hoy no te dejes vencer por esas situaciones que se presentan como contrarias a tu proyecto de vida, seguro que tienes todas las habilidades para permanecer firme frente a ellas.
Ni hacer el bien te librará de las críticas y de los ataques de otras personas. Siempre hay alguien que te ataca porque lee mal tus decisiones y comentarios y cree que tiene el derecho de intentar destruirte.
Me gusta reflexionar sobre la sonrisa. Creo en el poder del sonreír. No dudo en que sonreír tiene el poder de transformar la vida y darnos nuevas comprensiones de la realidad.
Hoy quiero que pienses en lo que significa la palabra tolerancia. ¿La has escuchado? Tolerancia es el respeto a las palabras, acciones y comportamientos de terceras personas, aunque estos comportamientos sean opuestos a los principios que he recibido en mi educación y en mi familia. Es el respeto a la diferencia, eso es la tolerancia.
Los discípulos de Emaús (Lucas 24,13-35) luego de sentirse frustrados por el final de la historia de Jesús huyen de Jerusalén. Es demasiada la tristeza para quedarse allí. Hay que buscar otro aire que permita respirar y volverse a animar.
Es común que tengamos dudas de Dios. A veces ocasionadas por las “injusticias” que vemos a nuestro alrededor o que padecemos sin ver que Dios actúe para hacer que no sucedan. Otras veces porque vemos que los “malos” ganan y destruyen a vida de aquellos que lo aman. Son muchas las razones por las que a veces tenemos dudas de fe y no sabemos realmente dónde está Dios.
Todos los días estamos expuestos a las peores noticias: desastres naturales, masacres, asesinatos, etc. que nos llenan de miedo y pueden paralizarnos porque nos sentimos impotentes, porque nada podemos hacer, ante estas situaciones. El papa Francisco nos propone tres acciones muy concretas para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia:
Me gusta la gente segura de sí misma. Esa que sabe quién es y que capacidades tiene. Esa que no tiene miedo de fallar sino que está dispuesta a dar lo mejor para volver a ganar. No se trata de prepotencia ni orgullo vano, se trata de confianza en sí misma. Esa seguridad hace más posible ganar; así como el nerviosismo de la inseguridad acerca la derrota.
El amor hay que construirlo a diario. Es una realidad dinámica, que requiere atención, dedicación, compromiso y entrega. El amor no muere, siempre es asesinado. Al amor lo mata la indiferencia, la rutina, la desatención, la distancia, la mala dominación, él no saber disfrutar la cotidianidad. Muchos han matado el amor grande, bello y especial que tenían al no cuidarlo y dejarlo a abandonado.
Tiendo a ser prejuicioso a hacerme ideas erradas de la gente, a juzgarlos y cada vez que puedo los hago sentir mal. No está bien hacerlo, sé que eso destruye puentes de comunicación con los otros y que no habla bien de mí. Quisiera Señor en esos momentos, ponerme en los zapatos del otro, experimentar como se siente que alguien que no me conoce, exprese ideas de lo que no soy. Estoy plenamente seguro de que no se siente bien, por eso no quiero hacerlo más, quiero darme a la tarea de conocer a los demás y valorarlos por encima de sus defectos o virtudes.
Nada peor que creerse dueño de la verdad. Nada peor que gritar a los otros y ofenderlos por creer que ellos están equivocados. Un ser humano que quiere tener buenas relaciones interpersonales tiene que aprender a respetar y valorar al otro y sus opiniones. Muchas veces tenemos razón pero la manera de corregir y de contrargumentar nos hace estar en la peor situación.
Muchos somos jefes. En el hogar, en la empresa, en el equipo de deportes, etc. Y hemos creído que ser jefes es mandar únicamente. Pero no. La experiencia de Moisés en el libro de los Números nos muestra que el líder también tiene que interceder, mediar por los que tiene a su cargo.
¿Por qué no funcionan bien las relaciones interpersonales de los miembros de un equipo? Me preguntó el joven con una actitud de filósofo griego. Su pregunta me pareció supremamente importante porque creo que la vida de los humanos se realiza en medio de equipos.
Cuando me habla de un modelo de papá pienso inmediatamente en el Padre misericordioso de la parábola del Hijo Prodigo (Lucas 15,11-32). Es un padre que permite que su hijo tome las decisiones de manera autónoma, así estás no sean las mejores y le vayan a ocasionar dolor. Sabe que la libertad es un valor innegociable y que tiene que ayudarle a ser alguien autónomo y libre. Es generoso, le da lo que el hijo no ha trabajado. Es consciente de su obligación de padre que sostiene y mantiene a su hijo para que esté pueda alcanzar los recursos que requiere para ser autosuficiente.