Una controvertida gestión de la pandemia de Covid-19, una prolongada crisis económica, turbulencias políticas permanentes, una agenda medioambiental abandonada y una democracia de baja calidad desdibujan la imagen de Brasil ante el mundo.

Las advertencias estaban dadas, el mundo no se detuvo, sino hasta cuando llego la pandemia de la Covid-19 y todos se paralizó por obligación y entonces vino la reflexión y fue más profunda, aún más, en las celebraciones  de Día Mundial del Medio Ambiente y de los Océanos. La preservación de la biodiversidad del planeta es un compromiso que debe asumir el mundo tras la pandemia del coronavirus, crisis que ha puesto en evidencia la frágil relación del ser humano con la naturaleza.

Justamente por la pandemia la celebración de este año, centrada en la biodiversidad, tuvo que ser virtual, y Colombia, en su condición de país anfitrión, reunió junto con la ONU a unos 30 especialistas en un foro que puso de manifiesto la necesidad de que la humanidad mejore sus hábitos y abrace la sostenibilidad para evitar una catástrofe ambiental y de paso mitigar el cambio climático.

Un virus puso de rodillas a la economía global y en realidad ha afectado a los más vulnerables de la sociedad y eso simplemente ha resaltado, incluso mucho más que otras pandemias, los enormes costos y riesgos de la desequilibrada relación con el planeta. Por eso hay que abogar por un nuevo trato para la naturaleza y la gente que le permita al planeta convertirse en un sitio positivo en lo relacionado con el medio ambiente.

Es exactamente para prevenir problemas como los que se  está sufriendo en las últimas semanas; hay que dejar de perder naturaleza y de perturbar los lugares naturales; hay que proteger las especies y, particularmente para hacer eso hay que ecologizar la economía.

La existencia humana necesita de ecosistemas saludables, ricos en biodiversidad, por lo que  es necesario que se dé a la naturaleza el lugar que merece tras la pandemia. En todo el mundo la naturaleza  está enviando un mensaje claro: se está dañando el mundo natural en perjuicio nuestro; la degradación de los hábitats y la pérdida de biodiversidad se están acelerando en todas las regiones y la variación del clima está empeorando. Ejemplo de ello son los incendios, las inundaciones, las sequías y las supertormentas son más frecuentes y perjudiciales que hace una décadas, mientras que los océanos se están calentando y acidificando, destruyendo los ecosistemas de corales y reduciendo la productividad.

La huella ecológica de los seres humanos ha crecido exponencialmente en los últimos 100 años por el aumento de la población, razón por la cual se considera que la gente necesita cambios sistemáticos en el sistema de comida, de consumo y de diseño de ciudades.

La propuesta del presidente  Duque, es ambiciosa  ya que consolida en el mundo una genuina ética ambiental y  se está en un momento de profundas reflexiones sobre la naturaleza, sobre el cambio climático, sobre cómo se deben comportarnos los ciudadanos, sobre cuál debe ser la ética de la sociedad para proteger las especies y  los ecosistemas.

En esta época de pandemia la humanidad debe tener la capacidad de cambiar las tendencias frente al cambio climático y al calentamiento global. El cambio climático trae efectos devastadores en muchos ecosistemas, amenaza la biodiversidad, los glaciares y, por supuesto, también termina elevando el nivel del mar que afecta la sostenibilidad de muchos entornos costeros, por tanto la aspiración del mundo no puede ser volver a ser como se estaba antes, sino que debe ser salir de la pandemia como una mejor sociedad.

La situación de Cartagena, es muy parecida a la mayoría de las ciudades de la Región Caribe, que sufren por las carencias en materia de salud y de protección a sus habitantes.

Jair Bolsonaro y Nicolás Maduro, líderes de corrientes ideológicas opuestas y enemistados públicamente, comparten mucho más de lo que parece. Además del gusto por contar con militares en sus respectivos gobiernos, ambos defienden un polémico fármaco contra la Covid-19: la cloroquina.

Con cerca de 18.000 muertos y más de 270.000 casos confirmados por Covi-19, Brasil, epicentro de la enfermedad en América Latina, se ha convertido en un vecino incómodo para los diez países con los que comparte frontera.

Hoy en el colectivo imaginario no es muy concebible que todavía existan y funcionen como tales las Instituciones monárquicas.

CALI (COLOMBIA).- Una mujer sostiene una pancarta mientras participa en una manifestación realizada el pasado viernes, frente al Cantón Militar Pichincha, en Cali (Colombia). Las manifestantes realizaron el performance "Un violador en tu camino" como rechazo a la reciente violación de una niña indígena de 12 años por parte de siete soldados colombianos y los escándalos de acoso sexual que se han destapado. EFE/ Pablo Rodríguez.

Fotografía de archivo sin fechar, cedida por el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, muestra la obra El Barbero de Sevilla en las instalaciones del Teatro, en Bogotá (Colombia). El Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, referencia en América Latina por su calidad artística y modelo de gestión inspirado en el Gran Teatro del Liceu de Barcelona, celebra su décimo aniversario enfocado en lo digital para mantener viva la oferta cultural en Bogotá a pesar del coronavirus. Desde su inauguración, el 26 de mayo de 2010, el Teatro Mayor ha realizado 1.536 funciones en las que han tomado parte 35.063 artistas de 957 compañías procedentes de 66 países. EFE/ Teatro Mayor Julio Mario Julio Mario Santo Domingo

Fotografía del 19 de mayo de 2020 que muestra a integrantes de la tripulación del barco Carnival Glory mientras navegan entre República Dominicana y Cozumel (México), en aguas del Caribe.

Una advertencia en la caja de un supermercado en el sector de Puente Aranda pide a las personas que usen guantes, mascarilla y que mantengan distancia este viernes, en Bogotá (Colombia). Puente Aranda es una de las cinco nuevas zonas en alerta naranja por la pandemia del COVID-19. Sectores que estarán bajo vigilancia epidemiológica para frenar la cadena de contagios en la capital colombiana. EFE/ Carlos Ortega

Una familia de migrantes venezolanos descansa a las afueras de la alcaldía de Cali, a la espera del transporte que los llevará a la frontera con Venezuela, en un retorno voluntario que salió la madrugada del miércoles desde Cali (Colombia). La alcaldía de Cali y Migración Colombia facilitaron el transporte terrestre para los 500 venezolanos que decidieron regresar a su país en medio de la pandemia de covid-19, que les ha restado las posibilidades de sobrevivir en tierras ajenas. EFE/ Ernesto Guzmán Jr

Fotografía cedida por la Alcaldía de Bogotá que muestra a la Alcaldesa de Bogotá (Colombia) Claudia López hablando desde el parlante de una carro de la Defensa Civil Colombiana mientras recorre este sábado, las calles de algunos barrios del sur de la capital colombiana. "Les pedimos que, por favor, no salgan a la calle si no necesitan hacerlo" dijo la alcaldesa a quienes habitan las zonas que tienen más casos confirmados de la COVID-19. Funcionarios de salud realizaron una jornada de limpieza y desinfección. EFE/ ALCALDÍA DE BOGOTÁ

El pasado domingo corrió por las redes sociales un wasap que anunciaba la muerte del alcalde de Uribia Bonifacio Henríquez, la noticia engendró trastorno e inconformismo, hasta el punto de poner en peligro la existencia misma del orden social.

A qué juega Ernesto Samper, expresidente y, en tal condición, excomandante de las Fuerzas Militares de Colombia, cuando afirma que en el ejército hay “soldados entrenados” para violar menores de edad. ¡Casi nada!

Este 28 de junio se cumple el primer aniversario de la sanción de la Ley de fortalecimiento de las regiones administrativas y de planificación (RAP), la cual vino a corregirle la plana a una Ley inicua, inocua y vacua, que es como yo he calificado la mal llamada Ley orgánica de ordenamiento territorial 1454 de […]

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