Indudablemente el sector turismo es un renglón importante y decisivo para la economía colombiana, que, además de beneficiar a todo el país, entre ellos la capital del Magdalena, que con esta temporada turística con más del 85% de ocupación hotelera, ratifica también que Santa Marta, tiene su vocación turística y económica en turismo, ayuda a la generación de verdaderas fuentes de empleo.
La situación de desplazamiento en Colombia sigue en aumento y no da tregua; los colombianos siguen abandonado sus tierras y sus bienes, conseguidos con mucho trabajo, para poder salvar sus vidas ante el serio peligro que corren debido al abandono en que se encuentran por parte del gobierno nacional.
Todas las tiranías desde la época romana se crean en torno de un individuo, que se ufana y además está convencido de que es el Mesías bajado del cielo que va a salvar a su pueblo; es, por consiguiente, de por sí un narcisista y en su mente se inculca el mismo esa autosuficiencia.
La subida del 23,7 % del salario mínimo en Colombia, anunciada la víspera de Año Nuevo, por el presidente Gustavo Petro, abrió una discusión sobre los alcances de la medida, por que tendrá efectos negativos en la inflación y el gasto público y además fue una decisión claramente como una estrategia del gobierno a las puertas de un año electoral.
El inicio de un nuevo año debe ser motivo para mostrar la buena voluntad de paz de las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional, Eln, y de las Farc, para que cesen de inmediato los enfrentamientos armados entre ellos y permitan corredores humanitarios para atender a la población de la región del Catatumbo, afectada por la violencia.
El inicio de un nuevo año debe ser motivo para mostrar la buena voluntad de paz de las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional, Eln, y de las Farc, para que cesen de inmediato los enfrentamientos armados entre ellos y permitan corredores humanitarios para atender a la población de la región del Catatumbo, afectada por la violencia.
Espectadores observan a la cría de elefante recién nacida Mook Uhm durante su primera aparición al aire libre en el Zoológico Artis de Ámsterdam, Países Bajos. La cría de elefante asiático nació en Nochebuena es motivo para que los turistas y nativos de esta ciudad, acudan a visitar al animal. (Foto EFE/EPA/Dingena Mol)
Un niño rumano conduce su bicicleta junto a una floristería decorada para Navidad en el centro de Bucarest, Rumanía, ayer 5 de diciembre de 2025. Rumanía, país cristiano-ortodoxo, celebra la Navidad el 25 de diciembre. (Foto EFE/EPA/Robert Ghement)
Padres de escolares secuestrados esperan fuera de la Escuela Católica Privada Santa María en Papiri, estado de Níger, Nigeria, ayer 24 de noviembre de 2025. Cincuenta de los 303 escolares secuestrados han escapado del cautiverio y se han reunido con sus familias, según la Asociación Cristiana de Nigeria (Foto EFE/EPA/Afolabi Sotunde)
Personas compran alimentos en una tienda de Los Ángeles, California, EE. UU. Los supermercados y las empresas alimentarias estadounidenses se preparan para una disminución en las próximas ventas si el programa SNAP, de asistencia alimentaria federal, se suspende por primera vez debido al cierre parcial del gobierno. (Foto EFE/EPA/Allison Dinner)
Gran parte del pueblo de Blatten, ubicado en el valle de Loetschental, en el cantón del Valais, quedó sepultado bajo masas de hielo, lodo y rocas. Numerosas casas fueron destruidas y una persona permanece desaparecida. Entre el 19 y el 28 de mayo, varios millones de metros cúbicos de roca cayeron del monte Kleines Nesthorn, sobre Blatten. Esto creó un cono de escombros de nueve millones de toneladas en el glaciar Birch, que finalmente se derrumbó el 28 de mayo de 2025. (Foto EFE/EPA/Michael Buholzer)
CIUDAD DEL VATICANO, La misa "Pro eligendo pontifice", que oficia el decano del colegio cardenalicio, Giovanni Battista Re, dara comienzo hoy en la basílica de San Pedro ante la presencia de los 133 cardenales que desde esta tarde se encerrarán en cónclave para elegir al papa número 267 de la historia de la Iglesia. EFE/ Mario Tomassetti/Vticano.
“Una sociedad como la actual, que no suele estar fondeada en sólidos valores éticos, es un consorcio sin futuro; puesto que, carece de dirección estética y de cauce generoso, por mucho que se hable de desarrollo social”.
Han pasado 25 años entre escritorios, computadores y recorridos por las zonas agrícolas y ganaderas del país, acompañando a miles de productores en la difícil tarea de conseguir créditos para impulsar sus proyectos productivos.
Por: Ariel Quiroga Vides
Empiezo este año invitando a todos los colombianos a reflexionar. El 2026 no será un año cualquiera: será un año electoral, y eso implica un imperativo moral para cada ciudadano. Nos corresponde renovar el Congreso de la República eligiendo senadores, representantes a la Cámara y, nada menos, que al presidente de la República. No exagero cuando afirmo que estas elecciones marcarán el rumbo del país durante muchos años.
¿Por qué tanta insistencia? Porque no se trata simplemente de votar; se trata de elegir con responsabilidad, de mirar a cada aspirante con lupa, de preguntarnos quiénes tienen la capacidad, la preparación y la honestidad para asumir la enorme tarea de legislar y gobernar en beneficio de la gente. Seamos sinceros: abundan los candidatos que no merecen nuestra confianza.
En Colombia conocemos bien la realidad. Aspirantes que están siendo investigados por órganos de control, otros con expedientes judiciales abiertos, y todos sabemos que algunos son expertos en convertir la política en un negocio personal. También están los que apenas cumplen con lo mínimo en formación, pero carecen de visión para trabajar por el bien común. ¿De verdad vamos a seguir entregando nuestro futuro a quienes solo buscan enriquecerse? ¿Vamos a permitir que la política siga siendo un negocio para unos pocos y no un instrumento de desarrollo para todos?
Y no olvidemos a las famosas “golondrinas electorales”: esos candidatos que solo aparecen en época de elecciones, y llegan con dinero a comprar votos para luego desaparecer. ¿Cómo confiar en alguien que nunca ha vivido las dificultades de nuestras comunidades, que no ha sentido el peso de la desigualdad ni ha escuchado el clamor de quienes exigen oportunidades? Colombia necesita congresistas que conozcan el país, que lo amen y que estén dispuestos a trabajar, no por intereses personales.
También están los eternos: candidatos que llevan más de veinte años en el Congreso, aferrados al poder, con cero realizaciones para mostrar. ¿Vamos a seguir premiando la mediocridad y la falta de resultados?
El panorama presidencial no es menos complejo. Hay candidatos que pescan en río revuelto, que apelan a las emociones y buscan que la gente vote con rabia, con resentimiento, sin pensar en las consecuencias. Y después, cuando ya tienen el poder, sacan las uñas y muestran su verdadero rostro. No podemos caer en esa trampa. El voto con rabia nunca ha traído soluciones; solo ha traído más división y más problemas.
Pero también están los candidatos que ven la política como un negocio, que calculan su aspiración en términos de reposición de votos y no en términos de servicio público. ¿Ese es el liderazgo que queremos para Colombia?
Por eso, mi invitación es clara: tenemos el deber moral de elegir a los mejores. No podemos dejar que la emoción del momento nos haga olvidar la responsabilidad que tenemos como ciudadanos. El futuro del país está en nuestras manos, y no podemos fallar.
¿Cómo hacerlo?
Tenemos que informarnos para no quedarnos con el discurso bonito ni con la promesa fácil. Hay que saber quiénes son, qué han hecho, cuál es su trayectoria. Pensar en el bien común. No en el favor personal, el contrato, no la dádiva, sino en lo que necesita Colombia: educación, salud, empleo, seguridad, desarrollo sostenible. Rechazar la corrupción. No podemos votar por quienes han demostrado que solo saben robar. No podemos premiar la mediocridad ni la trampa.
No estamos condenados a repetir la historia. Tenemos que elegir líderes honestos, preparados y comprometidos. Decirle no a la politiquería y sí a la verdadera política: la que se hace para servir, no para robar.
Es difícil, porque hay presiones e intereses, hay quienes quieren que todo siga igual. Pero los colombianos somos gente fuerte, valiente y capaz de tomar decisiones correctas. Lo hemos demostrado en otras ocasiones, y podemos hacerlo de nuevo.
Colombia merece más. Merece desarrollo, merece oportunidades, merece líderes que la respeten y la defiendan. No dejemos que nos engañen con discursos vacíos ni emociones pasajeras. No dejemos que nos roben la esperanza. El poder está en nuestras manos, y depende de nosotros usarlo bien. Elegir bien no es un lujo, es una obligación. Y es la única manera de construir el país que soñamos.
Y como dijo el filósofo de La Junta: "Se las dejo ahí...”
¿Por qué tanta insistencia? Porque no se trata simplemente de votar; se trata de elegir con responsabilidad, de mirar a cada aspirante con lupa, de preguntarnos quiénes tienen la capacidad, la preparación y la honestidad para asumir la enorme tarea de legislar y gobernar en beneficio de la gente. Seamos sinceros: abundan los candidatos que no merecen nuestra confianza.
En Colombia conocemos bien la realidad. Aspirantes que están siendo investigados por órganos de control, otros con expedientes judiciales abiertos, y todos sabemos que algunos son expertos en convertir la política en un negocio personal. También están los que apenas cumplen con lo mínimo en formación, pero carecen de visión para trabajar por el bien común. ¿De verdad vamos a seguir entregando nuestro futuro a quienes solo buscan enriquecerse? ¿Vamos a permitir que la política siga siendo un negocio para unos pocos y no un instrumento de desarrollo para todos?
Y no olvidemos a las famosas “golondrinas electorales”: esos candidatos que solo aparecen en época de elecciones, y llegan con dinero a comprar votos para luego desaparecer. ¿Cómo confiar en alguien que nunca ha vivido las dificultades de nuestras comunidades, que no ha sentido el peso de la desigualdad ni ha escuchado el clamor de quienes exigen oportunidades? Colombia necesita congresistas que conozcan el país, que lo amen y que estén dispuestos a trabajar, no por intereses personales.
También están los eternos: candidatos que llevan más de veinte años en el Congreso, aferrados al poder, con cero realizaciones para mostrar. ¿Vamos a seguir premiando la mediocridad y la falta de resultados?
El panorama presidencial no es menos complejo. Hay candidatos que pescan en río revuelto, que apelan a las emociones y buscan que la gente vote con rabia, con resentimiento, sin pensar en las consecuencias. Y después, cuando ya tienen el poder, sacan las uñas y muestran su verdadero rostro. No podemos caer en esa trampa. El voto con rabia nunca ha traído soluciones; solo ha traído más división y más problemas.
Pero también están los candidatos que ven la política como un negocio, que calculan su aspiración en términos de reposición de votos y no en términos de servicio público. ¿Ese es el liderazgo que queremos para Colombia?
Por eso, mi invitación es clara: tenemos el deber moral de elegir a los mejores. No podemos dejar que la emoción del momento nos haga olvidar la responsabilidad que tenemos como ciudadanos. El futuro del país está en nuestras manos, y no podemos fallar.
¿Cómo hacerlo?
Tenemos que informarnos para no quedarnos con el discurso bonito ni con la promesa fácil. Hay que saber quiénes son, qué han hecho, cuál es su trayectoria. Pensar en el bien común. No en el favor personal, el contrato, no la dádiva, sino en lo que necesita Colombia: educación, salud, empleo, seguridad, desarrollo sostenible. Rechazar la corrupción. No podemos votar por quienes han demostrado que solo saben robar. No podemos premiar la mediocridad ni la trampa.
No estamos condenados a repetir la historia. Tenemos que elegir líderes honestos, preparados y comprometidos. Decirle no a la politiquería y sí a la verdadera política: la que se hace para servir, no para robar.
Es difícil, porque hay presiones e intereses, hay quienes quieren que todo siga igual. Pero los colombianos somos gente fuerte, valiente y capaz de tomar decisiones correctas. Lo hemos demostrado en otras ocasiones, y podemos hacerlo de nuevo.
Colombia merece más. Merece desarrollo, merece oportunidades, merece líderes que la respeten y la defiendan. No dejemos que nos engañen con discursos vacíos ni emociones pasajeras. No dejemos que nos roben la esperanza. El poder está en nuestras manos, y depende de nosotros usarlo bien. Elegir bien no es un lujo, es una obligación. Y es la única manera de construir el país que soñamos.
Y como dijo el filósofo de La Junta: "Se las dejo ahí...”
Que 2025 haya cerrado con la recaudación de los cines a la baja en más o menos todo el mundo (respecto de 2024, -10% en Colombia y -8% en España) es una pésima noticia, pero también es un oportuno, aunque doloroso, campanazo de alerta para que aprendamos de los errores allí cometidos y tomemos entre todos las medidas que nos permitan proteger a las demás industrias artísticas que todavía subsisten con relativa buena salud. Es en este esfuerzo desesperado por la supervivencia de donde emerge un concepto novedoso, pero tremendamente relevante, que viene haciendo carrerilla en las sobremesas más vanguardistas: la ciudadanía cultural, con sus respectivas declinaciones por disciplina (“literaria”, “musical”, etc).
Para nadie es un secreto que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, cifradas, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 304.000 millones de barriles, por encima de Arabia Saudita, que cuenta, con 267.000 millones e Irán con 209.000 millones. Su producción de crudo, a través de la estatal petrolera PDVSA, alcanzó su punto más alto en 1997 con 3.45 millones de barriles/día, participando con el 17% de la oferta global. El año anterior a la asunción del poder por parte de Hugo Chaves Frías (1998) la producción de crudo en Venezuela rondaba los 3 millones de barriles/día.
Entre el 2010 y el 2020 los precios del crudo oscilaron entre los US 111.25 en 2011 y los US $41.96 en 2020. El Gobierno de Chaves se prolongó hasta su muerte en 2013, período este en jauja para su administración, gracias a los altos precios del crudo, lo que le permitió ejercer una activa diplomacia del petróleo, mediante el programa Petrocaribe, ganando adeptos y apoyos entre los gobiernos de Centro América y el Caribe, a quienes favoreció con la entrega de crudo en “condiciones preferenciales de pago”, con largos plazos, intereses subsidiados y la posibilidad de pagar en especie, ya fuera con bienes y/o servicios. Luego se produce su relevo por parte de quien fuera su Vicepresidente, Nicolás Maduro.
Depuesto Maduro se mueve la geopolítica del petróleo, bueno es hacer un parangón con Colombia, en donde se hizo popular el acertijo, tratando de establecer qué tan cerca estaba el punto de inflexión en el que la producción de crudo por parte de Colombia y de Venezuela se equipararían, en el primer caso subiendo y en el segundo a la baja. Ello, en momentos en los que la producción en Colombia alcanzó el millón de barriles/día durante los años 2013, 2014 y 2015 y para entonces en Venezuela la producción había caído hasta los 2.5 millones de barriles/día. En efecto, diez años después, en el 2023 se cumplió el vaticinio, sólo que en Colombia, al igual que en Venezuela la producción en lugar de crecer cayó hasta llegar a los 777 mil barriles/día y en Venezuela, también cayendo, se situó en los 783 mil barriles/día.
Más recientemente la producción de Venezuela aventaja nuevamente a Colombia, al tener un repunte hasta alcanzar los 900 mil barriles/día en 2024 y alrededor del millón de barriles en 2025, mientras la producción en Colombia certificada por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) se ha estancado y registró, en promedio, 772 mil barriles/día en 2024 y 750 mil barriles/día en 2025.
En este contexto se da la intervención del gobierno estadounidense en Venezuela, escalando su embestida contra la dictadura de Maduro, concluyendo con un operativo cinematográfico que tuvo como desenlace el apresamiento de Maduro, quien ha sido puesto a disposición de la Justicia de los EE.UU.
En su comparecencia ante los medios para dar cuenta de dicho operativo, fue enfático al afirmar que “haremos que grandes compañías de petróleo estadounidenses entren a Venezuela y gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura que está muy dañada y comiencen a ganar dinero para el país”. 26 veces mencionó el Presidente Trump la palabra petróleo en su rueda de prensa y afirmó que “necesitamos acceso total al petróleo”. No obstante, el Jefe del Departamento de Estado Marco Rubio quiso matizar la declaración del Presidente Trump al afirmar que “no necesitamos el petróleo de Venezuela, tenemos petróleo de sobra. Lo que no permitiremos es que su industria petrolera quede en manos de adversarios de EE.UU, como China, Rusia o Irán”.
Cabe preguntarse cuál es el interés que despierta en el Gobierno de los EE.UU, siendo el mayor productor de crudo del mundo con 14 millones de barriles/día, por encima de Rusia y Arabia Saudita, el crudo venezolano. Venezuela, junto con Colombia y México es uno de los países con mayor potencial de crudo pesado, el mismo que se requiere para la dieta de varias de las más importantes refinerías de los EE.UU en la costa sur, la cual demanda importaciones del orden de 5.9 millones de barriles/día de crudo pesado.
El sueño de los EEUU es convertir a Venezuela en la Arabia Saudita de Occidente, claro está en la órbita de su control e influencia y así depender menos del convulsivo y convulsionado Medio Oriente. Así se explica que, pese a las sanciones impuestas a Venezuela por parte de EE.UU, la petrolera CHEVRON ha mantenido sus operaciones en su territorio, exportando su producción en sus propios buques a su casa matriz.
Colombia, dada su modesta producción y exportación de crudo se mueve en el mercado petrolero como un corcho en remolino, es un simple tomador de precios y está a merced de la volatilidad de estos. Actualmente la tendencia de los precios es a la baja, cotizándose por debajo de los US $60 el barril del BRENT, dado que hay un exceso de oferta en el mercado, debido al relajamiento por parte de la OPEP de su estrategia de intervención en el mismo para contenerla y al impulso de la industria petrolera de los EE.UU con la llegada nuevamente de Trump a la Casa Blanca.
Tal tendencia podría acentuarse de llegar a estabilizarse y fortalecerse la industria del petróleo en Venezuela, con el apoyo e impulso augurado por el Presidente Trump, con el agravante para Colombia que le toca compartir y competir con Venezuela el mismo nicho de los crudos pesados y extrapesados, viéndose afectado por partida doble, por las menores exportaciones y los más bajos precios.
Entre el 2010 y el 2020 los precios del crudo oscilaron entre los US 111.25 en 2011 y los US $41.96 en 2020. El Gobierno de Chaves se prolongó hasta su muerte en 2013, período este en jauja para su administración, gracias a los altos precios del crudo, lo que le permitió ejercer una activa diplomacia del petróleo, mediante el programa Petrocaribe, ganando adeptos y apoyos entre los gobiernos de Centro América y el Caribe, a quienes favoreció con la entrega de crudo en “condiciones preferenciales de pago”, con largos plazos, intereses subsidiados y la posibilidad de pagar en especie, ya fuera con bienes y/o servicios. Luego se produce su relevo por parte de quien fuera su Vicepresidente, Nicolás Maduro.
Depuesto Maduro se mueve la geopolítica del petróleo, bueno es hacer un parangón con Colombia, en donde se hizo popular el acertijo, tratando de establecer qué tan cerca estaba el punto de inflexión en el que la producción de crudo por parte de Colombia y de Venezuela se equipararían, en el primer caso subiendo y en el segundo a la baja. Ello, en momentos en los que la producción en Colombia alcanzó el millón de barriles/día durante los años 2013, 2014 y 2015 y para entonces en Venezuela la producción había caído hasta los 2.5 millones de barriles/día. En efecto, diez años después, en el 2023 se cumplió el vaticinio, sólo que en Colombia, al igual que en Venezuela la producción en lugar de crecer cayó hasta llegar a los 777 mil barriles/día y en Venezuela, también cayendo, se situó en los 783 mil barriles/día.
Más recientemente la producción de Venezuela aventaja nuevamente a Colombia, al tener un repunte hasta alcanzar los 900 mil barriles/día en 2024 y alrededor del millón de barriles en 2025, mientras la producción en Colombia certificada por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) se ha estancado y registró, en promedio, 772 mil barriles/día en 2024 y 750 mil barriles/día en 2025.
En este contexto se da la intervención del gobierno estadounidense en Venezuela, escalando su embestida contra la dictadura de Maduro, concluyendo con un operativo cinematográfico que tuvo como desenlace el apresamiento de Maduro, quien ha sido puesto a disposición de la Justicia de los EE.UU.
En su comparecencia ante los medios para dar cuenta de dicho operativo, fue enfático al afirmar que “haremos que grandes compañías de petróleo estadounidenses entren a Venezuela y gasten miles de millones de dólares, arreglen la infraestructura que está muy dañada y comiencen a ganar dinero para el país”. 26 veces mencionó el Presidente Trump la palabra petróleo en su rueda de prensa y afirmó que “necesitamos acceso total al petróleo”. No obstante, el Jefe del Departamento de Estado Marco Rubio quiso matizar la declaración del Presidente Trump al afirmar que “no necesitamos el petróleo de Venezuela, tenemos petróleo de sobra. Lo que no permitiremos es que su industria petrolera quede en manos de adversarios de EE.UU, como China, Rusia o Irán”.
Cabe preguntarse cuál es el interés que despierta en el Gobierno de los EE.UU, siendo el mayor productor de crudo del mundo con 14 millones de barriles/día, por encima de Rusia y Arabia Saudita, el crudo venezolano. Venezuela, junto con Colombia y México es uno de los países con mayor potencial de crudo pesado, el mismo que se requiere para la dieta de varias de las más importantes refinerías de los EE.UU en la costa sur, la cual demanda importaciones del orden de 5.9 millones de barriles/día de crudo pesado.
El sueño de los EEUU es convertir a Venezuela en la Arabia Saudita de Occidente, claro está en la órbita de su control e influencia y así depender menos del convulsivo y convulsionado Medio Oriente. Así se explica que, pese a las sanciones impuestas a Venezuela por parte de EE.UU, la petrolera CHEVRON ha mantenido sus operaciones en su territorio, exportando su producción en sus propios buques a su casa matriz.
Colombia, dada su modesta producción y exportación de crudo se mueve en el mercado petrolero como un corcho en remolino, es un simple tomador de precios y está a merced de la volatilidad de estos. Actualmente la tendencia de los precios es a la baja, cotizándose por debajo de los US $60 el barril del BRENT, dado que hay un exceso de oferta en el mercado, debido al relajamiento por parte de la OPEP de su estrategia de intervención en el mismo para contenerla y al impulso de la industria petrolera de los EE.UU con la llegada nuevamente de Trump a la Casa Blanca.
Tal tendencia podría acentuarse de llegar a estabilizarse y fortalecerse la industria del petróleo en Venezuela, con el apoyo e impulso augurado por el Presidente Trump, con el agravante para Colombia que le toca compartir y competir con Venezuela el mismo nicho de los crudos pesados y extrapesados, viéndose afectado por partida doble, por las menores exportaciones y los más bajos precios.