El panorama de Latinoamérica

Editorial
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Con una alta cifra de infectados, Latinoamérica no solo se enfrenta a la expansión del coronavirus y al reto de contenerlo. Pese a ser una de las zonas menos afectadas en el mundo, en la región confluyen esta nueva enfermedad, deficiencias de sus sistemas de salud, problemas de desigualdad social y situaciones particulares que complican dar una respuesta del todo apropiada, pese a los esfuerzos de los Gobiernos.
Países como Uruguay, cuentan con una cobertura universal de salud que incluye 10.000 médicos y 826 centros de salud, a los que se puede acceder desde cualquier punto del país con una demora máxima de una hora caminando. Al contrario, en Nicaragua, donde oficialmente aún no hay contagiados, el Gobierno decidió no restringir la entrada ni la movilidad en el territorio a ningún viajero, ni tampoco establecer ningún tipo de cuarentena a los potenciales afectados.
En Latinoamérica hay variedad entre los sistemas de salud, no se puede decir que todos están preparados por igual, pero son muy resilientes porque ya se tienen mucha experiencia manejando estas epidemias, como pasó con la de la A(H1N1) en 2009 y más reciente con el zika o el dengue. Experiencias que han permitido que, por ejemplo, Colombia, que ya superó el medio centenar de casos del Covid-19, cuente con el primer laboratorio certificado en América Latina capaz de detectar casos de coronavirus en menos de 24 horas.


Brasil es justamente un buen caso de esos contrastes: pese a ser, el único país del mundo con más de 100 millones de habitantes que ofrece un sistema gratuito de salud, el gasto en el sector es del 4 % del producto interno bruto, lejos todavía del 6,5 % que destinan en promedio las naciones más desarrolladas.
Es una problemática que también se ve en Venezuela. El presidente Nicolás Maduro asegura que aprobó todos los recursos necesarios para enfrentar esta epidemia tan peligrosa que deja hasta el momento 17 casos confirmados. Panorama que contrasta radicalmente con la realidad del sector de la salud, en el que la mayoría de sus trabajadores devengan menos de 100 dólares al mes, los hospitales tienen una operatividad por debajo del 60 %.
A esto se suma la desigualdad social, como en Chile, que es el otro país de la región junto a Uruguay considerado por el Banco Mundial como de ingresos altos, pero que está sumido desde octubre en una crisis social por la inequidad.

En Perú, el Gobierno ha anunciado la habilitación de hospitales y espacios para posibles cuarentenas y autorizó bonos específicos para el personal sanitario, medidas insuficientes que no hacen olvidar que aunque los trabajadores formales tienen acceso a un seguro médico que permite la atención en centros privados, el 80 % de la población labora en el sector informal.

Por su parte, en México, donde hay 82 casos positivos, la sanidad pública cuenta con un sistema diferenciado de atención para empleados públicos y trabajadores privados e independientes pero en 2019, el 15 % de la población no tenía ningún tipo de cobertura médica.
Por ejemplo, la propagación del coronavirus en Argentina, que ya suma 65 contagiados y 2 fallecidos, se suma al brote de dengue en el norte y centro del país y el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, la más poblada y rica.

Algo similar sucede en Paraguay, uno de los países más afectados por el brote de dengue en la región, 47 muertos y 20.000 infectados en 2019 y con graves falencias sanitarias: solo cuenta con 734 camas de cuidados intensivos, el 50 % de los requerimientos de la OMS.
En Ecuador, las autoridades realizan gratis las pruebas para determinar contagios. Sin embargo, el Gobierno solo dispone de reactivos durante 45 días y es consciente de las limitaciones por lo que, tras ampliar de 15 a 22 los hospitales destinados a tratar el coronavirus, autorizó a las aseguradoras privadas para realizar test de detección, con precios entre 250 y 300 dólares.

En Bolivia el caso de una de las 12 personas contagiadas en el país, que tuvo que peregrinar por más de siete centros de salud hasta ser atendida porque personal sanitario, familiares de enfermos y vecinos de hospitales bloquearon su ingreso temerosos de infectarse.
A pesar de no tener casos hasta ahora, El Salvador decretó la alerta roja, cerró sus fronteras e invirtió 70 millones de dólares para convertir el Centro Internacional de Ferias y Convenciones de San Salvador en el hospital más grande de Latinoamérica. Mientras, en Panamá y en Costa Rica, aunque el combate de la pandemia es la prioridad, kits de detección del virus, camas hospitalarias y espacios de cuidados intensivos son insuficientes y en Cuba, donde solo hay cuatro contagiados, asegura que el Sistema Nacional de Salud está totalmente preparado para enfrentar al coronavirus.


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