A raíz de la ola de inmigración de venezolanos al territorio nacional se ha incrementado la creencia de que los recientes picos en los índices de inseguridad en la capital del departamento son como consecuencia precisamente de esos mismos inmigrantes.
Como agua se regó la noticia que todos ellos habían llegado aquí a cometer sus actos delictivos, pero vaya que sorpresa se llevaron las autoridades y la población en general cuando se anunciaron las capturas de tres de los presuntos asaltantes, dos de los cuales quedaron cobijados con medida de aseguramiento en establecimiento carcelario.
Estimados lectores, hasta el día de hoy los únicos imputados por los hechos acaecidos en Playa Rosita son procedentes de Colombia, ninguno es un hermano venezolano. Muchos consideran absurdo, ilegal, indigno e inconstitucional el trato que se les da a los inmigrantes latinos en Estados Unidos bajo las nuevas reglamentaciones implementadas por el gobierno del presidente Trump, pero esas mismas personas que hoy lo critican son los mismos que atacan a los hermanos venezolanos, que les endilgan los males de la ciudad y han tomado posiciones xenófobas con respecto a ellos. Hace muchos años cuando la situación social, económica y de seguridad estaba en niveles críticos en el país, muchos colombianos emigraron hacia Venezuela, país que les brindó refugio, trabajo, estabilidad y mucho cariño por ser vecinos y pueblos con el mismo corazón.
Hoy, cuando los papeles se han invertido, vemos como se pretende sufrir de amnesia voluntaria al tratar sin respeto, sin aprecio y con falta de sentido de colaboración a todos aquellos venezolanos que inmigraron aquí en busca de un mejor futuro, con ganas de trabajar, de salir adelante, de estudiar, de poder ayudar a sus familias y de contribuir a que nuestra sociedad sea mejor cada día.
Sin duda, cuando se presentan fenómenos migratorios tan grandes viene consigo una dosis de personas con ciertos comportamientos al margen de la ley, pero ello no debe conllevar a que se califique de criminal a todo aquel que llega a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Los colombianos no hemos sido, no somos y nunca seremos seres xenófobos, mucho menos con nuestros hermanos venezolanos. PD: Invito a quien me lea, pueda y quiera, para que ayude dentro de las posibilidades a todos los buenos venezolanos a salir adelante.
Columna de Opinión
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