Columnistas de La Guajira

Alonso Amador

Columna: Opinión

e-mail: alonsoamador26@gmail.com
En el 2014 un desacuerdo por el no pago de horas extras entre la empresa Oakhurst Dairy y algunos de sus trabajadores, en Maine, Estados Unidos, fue llevado ante la corte. Este año, un juez falló a favor de los empleados, lo que llevó a la empresa a buscar un acuerdo con sus trabajadores a riesgo de iniciar un juicio. El juez dio la razón a los trabajadores porque la interpretación que los empleados hacían de la legislación laboral coincidía con el uso correcto de la ‘coma de Oxford’.
En la Inglaterra del siglo XIII, cuando apareció quizás el primer modelo de sistema parlamentario, la influencia del Parlamento se limitó a los asuntos de impuestos, mientras que el rey siguió a cargo de las funciones legislativas y de gobierno más importantes.Entre otras atribuciones, el rey continuaba escogiendo a sus ministros, los cuales eran responsables solamente ante el rey, así como Carrasquilla, nuestro ministro de Hacienda, sólo le responde políticamente al Presidente. 
La lucha contra la corrupción en Colombia ha sido tan hipócrita como la que se libra contra las drogas: los mismos que la consumen, se enriquecen de ella, y acceden al poder en su favor, son los mismos que aparentan combatirla.
 ¿Qué esfuerzos políticos y cívicos estamos dispuestos a hacer los ciudadanos de esta generación por el bien de nuestro barrio, localidad, ciudad, departamento, región o país? Es una pregunta apenas oportuna para conmemorar con una justa reflexión uno de los hechos políticos más importantes en nuestra historia republicana: la Batalla de Boyacá. 
A propósito de las celebraciones del 20 de julio y del 7 de agosto, quise reflexionar un poco sobre el desdén político propio de nuestra generación versus la poderosa voluntad de actuar que debieron sentir nuestros compatriotas, en ese entonces, para cambiar el destino político de nuestra nación. En igualdad de condiciones, si a nuestra generación le hubiera tocado aquella época, ¿habríamos buscado nuestra independencia? ¿Habríamos librado la Batalla de Boyacá?
A propósito de las celebraciones del 20 de julio y del 7 de agosto, quise reflexionar un poco sobre el desdén político propio de nuestra generación versus la poderosa voluntad de actuar que debieron sentir nuestros compatriotas, en ese entonces, para cambiar el destino político de nuestra nación.En igualdad de condiciones, si a nuestra generación le hubiera tocado aquella época.