Crisis de liderazgo

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Escrito por:

Cecilia López Montaño

Cecilia López Montaño

Columna: Opinión

e-mail: cecilia@cecilialopez.com
Nada más serio para una sociedad llena de retos, de problemas anclados en su historia, de nuevas demandas sociales, que sufrir una severa crisis de liderazgo. Es como perder la brújula en medio del desierto; es como no identificar no solo un norte sino una ruta que defina sus acciones presentes y futuras.
Esta capacidad de ver más allá de la coyuntura solo la desarrollan precisamente aquellos que se convierten en verdaderos líderes. La familia los necesita y todas las instancias de organización social que le siguen: la comunidad, el municipio, el país, el sector privado, la política y el deporte. Pero sin duda el máximo líder debe ser el presidente de un país porque es la persona que tiene las mayores responsabilidades y por ello su capacidad de dirigir una Nación debe ser una de sus mayores virtudes y la justificación para elegirlo.Nada más serio para una sociedad llena de retos, de problemas anclados en su historia, de nuevas demandas sociales, que sufrir una severa crisis de liderazgo. Es como perder la brújula en medio del desierto; es como no identificar no solo un norte sino una ruta que defina sus acciones presentes y futuras. Esta capacidad de ver más allá de la coyuntura solo la desarrollan precisamente aquellos que se convierten en verdaderos líderes. La familia los necesita y todas las instancias de organización social que le siguen: la comunidad, el municipio, el país, el sector privado, la política y el deporte. Pero sin duda el máximo líder debe ser el presidente de un país porque es la persona que tiene las mayores responsabilidades y por ello su capacidad de dirigir una Nación debe ser una de sus mayores virtudes y la justificación para elegirlo.Colombia vive actualmente una seria de crisis de liderazgo en momentos complejos donde se han combinado una serie de circunstancias difíciles. Primero, se reconoce claramente la falta de liderazgo de la Presidencia actual, realidad que independientemente de las razones que existan, genera una situación de debilidad en la orientación de las grandes decisiones del país. Segundo, el liderazgo empresarial ha perdido independencia frente al gobierno limitándose de esa manera los necesarios contrapesos que permiten discusiones más equilibradas sobre las actuaciones del Estado. Tercero, la política es tal vez el peor escenario en este campo porque además sus supuestos líderes no tienen credibilidad en la población que se cansó de sus excesos y de sus errores. Pero en cuarto lugar está el otro gran problema, la corrupción de quienes tienen responsabilidades mayores frente al país o su respectivo sector de actividad.  Ahora se está debatiendo la corrupción en el deporte lo que involucra en este momento nombres de reconocida prestancia en Barranquilla y en otras partes del país. Se trata de la reventa de boletas para asistir a eventos mundiales en el campo del fútbol internacional. Mejor dicho, esta falta de transparencia no solo toca al deporte desde hace rato, sino a miembros prestantes de la sociedad barranquillera. ¿Ese es el ejemplo que les estamos dejando a las próximas generaciones? Un liderazgo débil o inexistente, oportunista y corrupto. Precisamente por la gravedad de este hecho es necesario retomar el tema y preguntarse cómo puede un país resolver sus problemas, salir adelante, desarrollarse, vencer la profunda desigualdad sin tener esos personajes, mujeres y hombres, que tengan la capacidad de orientar las soluciones necesarias.    Identificar líderes verdaderos y en vez de cerrarles puertas como hasta ahora, permitirles salir a la luz y florecer. Preparar esos liderazgos entre los jóvenes de manera que con los valores que toca pueda asumir en el futuro el manejo del país y de sus distintos factores. Pero solo se pueden realizar estas tareas si se empieza a reconocer que tenemos una crisis de liderazgo.

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