Columnistas de La Guajira

Jose Lafaurie Rivera

Columnista Invitado

e-mail: jflafaurie@yahoo.com

Firmar un Acuerdo con el Gobierno Nacional para la compra de tres millones de hectáreas a los ganaderos en condiciones de mercado parece fácil, pero no lo es; ni la firma ni su implementación. 

La sola propiedad de la tierra no es solución a la pobreza, sin condiciones adecuadas de producción, referidas primero a la capacidad agrológica de la tierra, importante dentro del debate sobre la que presuntamente es improductiva y la que no. 

¿Es la relativa concentración de la tierra la causa de la pobreza rural? Es mi tema anunciado y, para responder, desmenuzo la pregunta. ¿Hay concentración de tierra? Sí la hay, y en todo el mundo. Solo así es posible alimentar a 8.000 millones de personas, aunque, según la FAO, “Entre 702 y 828 millones enfrentaron hambre en 2021”, es decir, el 10% de la población, un porcentaje que no es mayor por la productividad de una relativa concentración.

El coeficiente GINI es una herramienta estadística que busca medir la desigualdad en la distribución de algo entre una población, ya sea el ingreso o la riqueza, y en el caso de la tierra rural, ha sido usado para sosteneque en Colombia está concentrada en pocas manos.
Roy Barreras fue galanista de corazón, estuvo de corazón en Cambio Radical, de donde fue expulsado por deslealtad. Fue uribista de corazón, pero hoy proclama infamemente “la destrucción del uribismo”, y claro, fue santista de corazón y hoy petrista de corazón. 
 

Esta expresión, con la que inicia un poema de Jorge Rojas en que le describe a Pablo Neruda nuestra bella patria, se vulgarizó para denotar la indolencia con que se asumen los sinsentidos y contradicciones de la realidad colombiana -es que somos así-, hoy alborotados en el último tramo de la campaña electoral para elegir al sucesor de Iván Duque.

Los escándalos del progresismo petrista rebasaron todo límite y, por ello, vuelvo sobre el tema para sumarme al rechazo ciudadano y la necesidad de detener la amenaza comunista.

Las preguntas sin respuesta tras los resultados del 13 de marzo, hoy ensombrecen las presidenciales de mayo, con muchos ruidos presagiando desastre, en una elección estratégica para preservar la democracia o, Dios no lo quiera, darle paso al progresismo comunista que ha fracasado en la región.

…y ellos se juntan”, como se junta en el “Pacto Histórico” un grupo de políticos promeseros, con ideología de ocasión y moral movediza, para arrimarse “al sol que más alumbre” o aliarse con “el enemigo de mi enemigo” sin importar el costo para el país.

“No se acepta el resultado electoral y se exige escrutinio voto a voto, de todas las mesas del país”. Así respondió Petro en un debate, cuando todavía iba a debates, antes de las elecciones de marzo, frente a la pregunta de qué haría si llegara a concluir que hubo fraude.

Mientras escribo, el Pacto Histórico revienta las redes con la proclama de ¡Fraude! lanzada por Petro, sosteniendo haber recuperado 500.000 votos que les iban a robar, mientras otros sectores también acusan desaparición de votos y se encienden alarmas, en medio de un juego peligroso para la democracia.

Es lo que hace el país frente a las amenazas que acechan. Miramos para otro lado y no vemos a Maduro envalentonado con su “poderosa cooperación militar” con Rusia, que no es sino la neocolonización de una potencia imperialista, iniciada hace veinte años desde Cuba, para convertir a Chávez y Maduro en fervientes comunistas, destruir el país y hoy entregárselo a Putin, porque Venezuela ya le vendió a Rusia su alma… y su petróleo.

De todo, es la respuesta; porque un dictador no tiene límites, ni frente a su pueblo ni frente al mundo. Hoy en Rusia está prohibido protestar contra la guerra en Ucrania, y el que lo intente es capturado, como mostraban los noticieros. 

“Ese tipo Villavicencio que se tenga de las orejas, porque que me lo clavo”. Semejante vocabulario es de la exsenadora, excandidata presidencial y consentida de Maduro y Correa, Piedad Córdoba, alias “Teodora” en las Farc…, aunque lo niegue. 

Tuve una pesadilla. Amanece el 8 de agosto de 2022 y Petro se levanta adormilado, se tercia la banda presidencial, se mira al espejo, se empina, saca pecho y se regala su mejor sonrisa socarrona. Se siente el Bolívar -no Gustavo sino Simón- del siglo XXI, como Chávez y como Maduro, invitado especial a su posesión.

El miedo es un mecanismo de defensa contra el peligro y, por ello, inspirarlo es válido cuando la amenaza es cierta. En 2016 advertimos de una amenaza y fuimos acusados de sembrar miedo, pero la historia nos dio la razón. Santos había convocado un plebiscito que no necesitaba, pero que, ya convocado, lo obligaba. Por eso, ante la posibilidad de detener el atropello a la democracia de un Acuerdo con narcotraficantes devenidos en contraparte legítima del Estado, los partidarios del NO adelantamos una campaña para decirle al país una verdad… que daba miedo.

La antesala de la reunión Uribe - De Roux, fue el discurso mentiroso de Santos en la Comisión de la Verdad, que Uribe desbarató en una entrevista en la que, además, argumentó la ilegitimidad de la Comisión, pero manifestó su voluntad de entrevistarse informalmente con su presidente.

Los colombianos vivimos los bloqueos que la CIDH no vio; la brutalidad de encapuchados que, a machete limpio, impedían la movilización de personas, mercancías, alimentos y ambulancias. Los colombianos pagaremos el costo billonario de la quiebra de empresas, pérdida de empleos, parálisis del comercio exterior y crisis económica. 

En la democracia representativa elegimos libremente a quienes “nos representan” en el Congreso y también a quienes “nos gobiernan”, Pero con el cuento del excesivo “presidencialismo”, esa función gobierno y, con ella, la democracia, está siendo sustituida por una, ya no del pueblo por representación, sino de cabildo abierto y extorsión.

Así decían los abuelos cuando algo era más que suficiente, como sucede con la carne bovina, aunque algunos sectores den alarmas de escasez y precios altos por las exportaciones, lo cual es totalmente falso.

Dos cartas le he enviado al ministro de Comercio, solicitándole hacer uso de la salvaguarda contemplada en el TLC con Estados Unidos, para detener temporalmente la avalancha de importaciones de leche en polvo y proteger la producción nacional, agobiada desde siempre por la posición dominante de la industria y, coyunturalmente, por la pandemia y su efecto en la caída de la demanda.

Cuando esta columna llegue a sus lectores habrá pasado Navidad y estaremos en días propicios para el balance objetivo y los propósitos realistas.

Ya quedó claro que Colombia no es el país más corrupto del mundo y que todo se trataba de una patraña -fake new- reciclada por medios de comunicación del régimen venezolano para tapar su propia corrupción y, de paso, para atacar, no a Colombia, sino al gobierno del presidente Duque. 

Nos gusta conjugar ese verbo en Fedegán. Una vez más, le cumplimos a los ganaderos con la celebración del 38º Congreso Nacional de Ganaderos, “Una ganadería para el cambio”; un evento exitoso, no solo desde el punto de vista técnico y comunicacional, lo que me enorgullece como presidente de una organización con esa capacidad de gestión, sino desde la relevancia de su agenda académica. 

En un debate sobre la fiesta brava, la hoy concejal Padilla, defendiendo “la igualdad moral” en los intereses de humanos y animales, se refirió al “¡interés de la cucaracha!”. “Ella no quiere votar, solo vivir como cucaracha”, decía la concejal. Quedamos atónitos, más cuando no respondió a la pregunta de si salvaría a un niño o a la cucaracha. 

¿Quién financia el vandalismo urbano? Los elenos reivindicaron su infiltración y está probada la de las disidencias farianas. ¿Y qué financia a elenos y disidencias? El narcotráfico. 

“Los ganaderos miramos hacia atrás para honrar nuestro pasado; miramos hacia delante para construir nuestro futuro”.

Regresaron las “movilizaciones” convertidas en violencia, las dificultades para los más pobres, la amenaza de Paro, ya convocado por Petro, como si no fuera suficiente la pandemia.

Colombia parece sufrir la enfermedad de Urbach-Wiethe, que inhibe al cerebro para reconocer el peligro y quien la padece, sencillamente…, no siente miedo. Qué falta hoy nos hace el miedo frente a la amenaza que se cierne sobre la democracia y el futuro del país.

Estados Unidos no negocia con terroristas, pero un presidente demócrata instó al gobierno colombiano a que hiciera lo que ellos no hacen, designó enviado  especial a las negociaciones, ¡en Cuba!, y hasta permitió que su secretario de Estado se reuniera con las Farc, un grupo en su lista de terroristas desde 1997 y reconocido como narcotraficante.