Este punto del “fin del conflicto” repite algunas cosas del punto anterior, continúa otorgando concesiones inaceptables a las Farc y sirve de plataforma ideológica y de reivindicación. Lo primero que indica es que se debe lograr un consenso nacional para que en el ejercicio de la política primen los valores democráticos -el debate civilizado, el libre juego de las ideas, sin espacio para la intolerancia- y que cese la persecución por razones políticas, algo obvio y razonable y nada distinto a lo que se establece en la Constitución y en la ley. Se establece un cese al fuego y de hostilidades bilaterales y definitivas. Se reivindica, con semejante afirmación, que el Estado realiza “hostilidades” y que se trata de 2 fuerzas que se combaten la una con la otra, de manera legítima, cuando en realidad la fuerza legítima es solo del Estado que la debe ejercer permanentemente. Se trata de la “dejación” de las armas, no de la entrega de ellas al Estado. Las armas se destinarán a la realización de 3 monumentos: para Colombia, Venezuela y la sede de la ONU.
Columna de Opinión
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