Eleanor Roosevelt: El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños

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Escrito por:

Alejandro Rutto Martínez

Alejandro Rutto Martínez

Columna: Opinión

e-mail: alejandrorutto@gmail.com



Los sueños tienen un enorme poder en la construcción de sociedades desarrolladas y un significado especial en el diseño del proyecto de vida de quienes aspiran a transformar su existencia como punto de partida para lograr un cambio positivo en su presente y en el futuro a mediano y largo plazo.

A pesar de que el diccionario prefiere definir el sueño como la función corporal del descanso, dedica también una de sus acepciones a este tema pero su enfoque es distinto al que preferiríamos para lograr la motivación de quienes desean introducir en su vida el impulso vital hacia el logro de objetivos y de la realización como personas orientadas hacia el éxito. El diccionario de la Real Academia Española, en la sexta entrada dedicada a la palabra sueño escribe la siguiente definición: “Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse”.

Los sueños, en primer lugar no son una cosa, sino…un sueño. En segundo lugar está lejos de carecer de fundamento, pues nada tiene más cimiento que una idea concebida en su momento y puesta en práctica cuando le haya llegado su hora. Y, en tercer lugar, qué lejano de la realidad esa afirmación según la cual el sueño es un proyecto, un deseo, una esperanza sin probabilidad de realizarse. Por fortuna la decidida pluma de varios pensadores y el espíritu libertario de hombres y mujeres e distintas épocas han tenido un concepto diferente al del diccionario y por ello hoy podemos presentar frases que nos estimulan a seguir soñando, aunque para lograr los sueños debamos mantenernos despiertos y con los sentidos bien alertas.

George Bernard Shaw, por ejemplo, tiene un gran concepto de los sueños y no los desprecia ni siquiera cuando construimos castillos en el aire: “Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él.”

Quien tiene sueños goza del poder preponderante de la visión enfocada hacia un tiempo que ha de venir con su incertidumbre lógica y sus sorpresas ineludibles, pero, eso sí, con sus inmensas posibilidades de convertir en realidad la utopía, representada en un hermoso cuadro al que solo le falta el lienzo o un edificio al que, como Shaw sugiere, “solo” falta hacerle el cimiento.

Los sueños, la intensidad de ellos y la frecuencia con que se tengan dividen al mundo en dos. Por una parte están quienes se debaten en el camino plano de la previsible y estéril certidumbre en donde se entregan a los brazos de la rutina, y por el otro aquellos que a puro pulso y bloque a bloque construyen el edificio del progreso. El comerciante norteamericano James Cash Penny reafirma lo anteriormente expuesto en sus propias palabras: “Muéstrame un obrero con grandes sueños y en él encontrarás un hombre que puede cambiar la historia. Muéstrame un hombre sin sueños, y en él hallarás a un simple obrero”.

Tener sueños o no tenerlos, ese es el principio de la construcción de una realidad diferente. Si alguien toma su utopía y la une al trabajo constante y disciplinado y le agrega una buena dosis de pasión, estará próximo a tener un encuentro feliz con su futuro y con el éxito, que premiará su lucha con una bienvenida cordial y un abrazo fraternal.



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