A inicio del pasado siglo Venezuela accedía a una vida llena de opulencia, aquella tierra árida azotada por el viento, era un océano de petróleo.
Hoy toda aquella riqueza, todo aquel océano que no cesaba nunca de fluir y convirtió a nuestra vecindad en unos de los países más potentado del mundo, por un capricho de seres de ingenio raquítico han puesto en un enorme peligro la supervivencia del Estado venezolano. El socialismo del siglo XXI fracasó como régimen, por veinte años consecutivos ha manejado de forma irresponsable a la nación, la han llevado a ser, el país donde la notable hiperinflación jamás había sido conocida por nación alguna, ni siquiera países que se encuentra en estado de guerra, registran un momento tan deplorable como lo está demostrando el régimen de Maduro.Los seis millones de barriles diarios que el 2012 el presidente Chávez anunciaba para este año, se han reducido a menos de ochocientos mil barriles por día, lo que lo conlleva a considerarlo que no es un país petrolero, aunque sin duda aún en su subsuelo conserva un caudal del mineral aceitoso.
La acelerada inflación, la incomparable devaluación monetaria, la constates desapropiaciones han provocado el éxodo del capitalismo y de igual manera el abandono de los compatriotas que según estadísticas más de seis millones de venezolanos se encuentran dispersado por todo el continente. No existe venezolano alguno que desee la caída del régimen, pues tienen ellos la esperanza que con el despido de Maduro, su moneda devaluada pasará a ser dólar americano, la producción petrolera galopará al compás de las empresas mundiales, sus compatriotas volverían a sus hogares, Venezuela volvería a labrar la paz, se propagará sin descanso la necesidad del desarrollo, el portentoso petróleo volvería a llevar a nuestros vecinos al pedestal de la gloria.Si su gobernante ciertamente desea el bien para los venezolanos y la conformidad para su patria, lo mejor que haría es renunciar, porque hasta ahora lo único que quiere el continente de Maduro, es asistir a su funeral.
Columna de Opinión
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