Los guajiros tenían un amigo y lo despidieron el sábado anterior. Cuando el reloj de la Catedral marcaba las cinco y cinco de la tarde del pasado sábado, una multitud comenzaba a caminar con el ataúd que llevaba los restos mortales de Ricardo José Redondo Pinto, hacia el cementerio central de Riohacha.
Sus familiares colocaron el féretro en el vehículo, mientras que en otro automotor se comenzó a escuchar una canción que encarnaba aquel profesional de la medicina que se había despedido de sus amigos sin avisar. En ese momento, la música sacó de control a los caminantes, quienes estaban con la vista pérdida, pérdida hacia el infinito, hacia el ocaso del sol que comenzaba caer.
De sus ojos brotaban muchas lágrimas, que parecieran salir de forma continua, cómo para acompañar a ese amigo que se marchó y los dejó sólo.
"Yo tenía un amigo, un gran amigo, como mi hermano y el que aprecia un amigo, es puro y digno, sincero y sano (bis). Y un mal día se marchó, dejó solo sus compañeros mil recuerdos dejó y una familia sin consuelo (bis), y mi guitarra me preguntó ayer de tarde dónde estaba mi compadre y mudo me quedé".
Es un trozo de la canción de la música vallenata 'Yo tenía un amigo' de la autoría de Rafael Manjarrez, interpretada por Iván Villazón, la cual fue repetida infinidades de veces hasta llegar a su última morada.
Y, es que para los que conocieron al galeno, dan testimonio de que era un buen amigo. "Además de ser buena gente, era un excelente amigo y era una persona que le gustaba dar buenos consejos", comentó con voz entrecortada su primo hermano Esneider Redondo.
El facultativo Ricardo José Redondo Pinto, de 24 años de edad, nació de la unión entre Roger Redondo Redondo y Betty Pinto Palmesano; quienes gozan de una gran aprecio entre la sociedad riohachera, quienes recibieron la triste noticia de su muerte con mucha nostalgia y resignación. Los hechos aún sin esclarecer indican que pudo haberse tratado de un suicidio.
El cuerpo sin vida fue encontrado en su habitación por los propietarios del inmueble donde residía en Valledupar, el pasado viernes, cuando pretendían avisarle que el almuerzo estaba servido. Según los resultados de la necropsia el joven médico presentó un disparo en la cabeza, al parecer se introdujo el cañón del revólver en la boca y accionó el gatillo, falleciendo en el acto.
A las autoridades encargadas del levantamiento del cadáver se les hizo extraño encontrar cinco municiones puestas sobre la cama, mientras que en el tambor del arma solo había una ya percutida.
El hecho de sangre se produjo en la urbanización Santa Rosalía, al norte de la capital del Cesar. Nadie se explica las razones que tuvo el profesional para quitarse la vida. Los residentes del lugar indicaron que hace ocho días se instaló en la vivienda, pero en la noche del jueves se encerró y no salió más.
Redondo Pinto, trabajaba en la clínica Valledupar y en el hospital Rosario Pumarejo de López. Sus familiares indicaron que no tenía problemas, por lo que es extraño que haya tomado la fatal decisión.
Los guajiros tenían un amigo y lo despidieron el sábado anterior. Cuando el reloj de la Catedral marcaba las cinco y cinco de la tarde del pasado sábado, una multitud comenzaba a caminar con el ataúd que llevaba los restos mortales de Ricardo José Redondo Pinto, hacia el cementerio central de Riohacha.