El inicio de un nuevo año debe ser motivo para mostrar la buena voluntad de paz de las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional, Eln, y de las Farc, para que cesen de inmediato los enfrentamientos armados entre ellos y permitan corredores humanitarios para atender a la población de la región del Catatumbo, afectada por la violencia.
El año pasado, finalizado apenas un día, la región del Catatumbo fue una de las azotada por la violencia, junto con los asesinatos de líderes sociales en país, índices que siempre puntearon en la violencia colombiana y que no cedieron en la alta puntuación.
El Catatumbo está ubicado en el noreste del departamento de Norte de Santander y una pequeña parte al suroeste del departamento del Cesar, que se extiende entre la Cordillera Oriental de Colombia y el Lago de Maracaibo, por lo cual se le ha llegado a considerar la región como «transfronteriza». Esta región en Colombia está conformada por 13 municipios: Ábrego, Convención, El Carmen, El Tarra, González, Hacarí, La Playa de Belén, Ocaña, Río de Oro, San Calixto, Sardinata, Teorama y Tibú; hace parte de los territorios focalizados Pdet, Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial, que son un instrumento de gestión y planificación del gobierno colombiano cuyo objetivo es impulsar el desarrollo económico, social y ambiental en aquellas zonas del país más afectadas por el conflicto armado interno y abarca un 36% del territorio del país y beneficia a casi 7 millones de personas. Además, desde las elecciones legislativas de Colombia de 2022 tiene representación propia en la Cámara de Representantes de Colombia con 16 curules bajo el nombre de "Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz
Más de 250 personas del Catatumbo, abandonaron sus viviendas y cerca de 6.000 están en riesgo de confinamiento y desplazamiento por los choques armados entre ambos grupos armados ilegales desde la semana pasada en una zona rural de Tibú.
En este año nuevo los grupos subversivos deben mostrar su buena voluntad e paz y dejar que el Catatumbo, siquiera mientras pasan las fiesta de bienvenida de año, pueda estar en tranquilidad. El Frente 33 de las Farc y al Eln deben cesar de inmediato las confrontaciones armadas, adoptar las medidas para proteger a la población civil, respetar el DIH y evitar afectaciones a las comunidades y civiles en el Catatumbo; eso sería lo ideal en esta temporada tan especial de comienzo de año.
La primera muestra de buena voluntad es permitir la activación de corredores humanitarios que redunden en acciones a favor de las personas afectadas por las hostilidades, ya que a región vive desde el 16 de diciembre una grave crisis humanitaria por la guerra declarada por el Eln contra el Frente 33 de las Farc, motivada por el control territorial y de las economías ilícitas.
Esta disputa ha provocó el año pasado la muerte de cerca de un centenar de personas y el desplazamiento forzado de por lo menos 78.000 campesinos, muchos de los cuales no han podido volver a sus tierras porque la violencia persiste.
El Catatumbo, es una región que, a pesar de ser rica en recursos naturales, tiene altos índices de pobreza y bajos niveles de desarrollo. Actualmente, la región continúa enfrentando una grave crisis humanitaria, siendo los municipios de Tibú y El Tarra los más afectados, a pesar de la Alerta Temprana sobre los riesgos en esa región. Lo anterior se debe a la intensificación de la confrontación armada entre el Eln y las Farc, Frente 33 y Bloque Magdalena Medio, sumado a la consolidación del control territorial ejercido por el Eln.
Igualmente se debe urgir a las alcaldías de Cúcuta, capital departamental y Tibú a desplegar y fortalecer la ruta de atención para garantizar la asistencia humanitaria de los afectados; fortalecer un plan para garantizar la atención de otros eventos masivos de personas desplazadas hacia Cúcuta y el casco urbano de Tibú.
Por último, hay que garantizar una respuesta eficaz y oportuna por parte de la Unidad para las Víctimas, teniendo en cuenta que los entes territoriales no cuentan actualmente con la capacidad de respuesta para atender la magnitud de la emergencia humanitaria.