La subida del 23,7 % del salario mínimo en Colombia, anunciada la víspera de Año Nuevo, por el presidente Gustavo Petro, abrió una discusión sobre los alcances de la medida, por que tendrá efectos negativos en la inflación y el gasto público y además fue una decisión claramente como una estrategia del gobierno a las puertas de un año electoral.
Según Petro, esa cifra se calculó no solo con base en indicadores como inflación y productividad sino en otros que permitieron un aumento más justo y con los que se garantizarán mejores condiciones de vida para los trabajadores y sus familias; pensó en las familias pero no pensó en proteger a las empresas que son las que sostienen económicamente a las familias.
Poco ha sido el apoyo recibido por la decisión presidencial; se han multiplicado las críticas de quienes consideran exagerado el aumento porque al salario mínimo están indexados los aportes a la seguridad social, los copagos de la salud o los arriendos, entre otros, lo que acabará impactando en la inflación y corroyendo el ingreso de los trabajadores.
A pesar de que el inesperado y elevado aumento del salario mínimo tendrá efectos positivos para una décima parte de los trabajadores colombianos y aumentará la demanda agregada, sus efectos negativos serán complejos de manejar, una realidad que se acerca y acecha a los colombianos, en el inicio de este nuevo año.
Sin duda alguna la inflación aumentará, directamente por el amplio grupo de bienes y servicios que están indexados al salario mínimo, y por los aumentos en costos de producción, incluyendo en ambos casos componentes de la canasta familiar. Eso puede llevar al Banco de la República a aumentar las tasas de interés para controlar la inflación y habrá aumentos adicionales sobre los ya elevados gastos públicos, incluyendo el costo de las pensiones.
El anuncio del presidente sobre el mínimo es, por decir lo menos, desafortunado pues si se tienen en cuentas las variables de inflación y productividad, el aumento del salario mínimo debería ser cercano al 7 % y en este caso fue del 23%, lamentablemente y no se tuvo en cuenta que el 56 % de la actividad económica se encuentra en la informalidad y son personas que están recibiendo mucho menos de ese salario mínimo y acabarán sufriendo las consecuencias del aumento de tarifas y precios
Seguramente la intención de Petro es que el aumento del salario mínimo le genere votos el año entrante en las elecciones legislativas y presidenciales; pero la productividad en el país no está aumentando y no existe más capacidad económica para pagar más salarios, con lo cual muchas pequeñas y medianas empresas se verán obligadas a hacer despidos. Queda claramente confirmado que este aumento desmesurado, también tuvieron en cuenta el factor político.
Muchos trabajadores terminarán en la informalidad ganando menos del salario mínimo, sin beneficios, sin prestaciones sociales; Petro engañó al país con populismo económico para que su partido, el Pacto Histórico, se quede en el poder.
Si bien es cierto que el bienestar de los trabajadores contribuye al desarrollo de la economía, en su conjunto debe ser compatible con el bienestar empresarial, que son quienes ofrecen las oportunidades laborales a los trabajadores. si las empresas tienen mejores ingresos, ofrecen estabilidad y pueden cumplir con sus objetivos, hay mejor vida para todos, y con absoluta seguridad, mayor productividad y un jalonamiento e impulso en la economía.