Regiones imaginarias de la literatura universal

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 Autores como Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, William Faulkner o Juan Benet, crearon sus propios espacios de ficción donde situar sus narraciones.

Macondo del colombiano Gabriel García Márquez es uno de los lugares imaginarios por excelencia de la literatura universal. Según el autor “Macondo no es un lugar, sino un estado de ánimo que le permita a uno ver lo que quiere ver y verlo como quiere…”

Situado en un triángulo terrenal de la Costa del Caribe colombiano, entre la Sierra Nevada de Santa Marta, el mar de Barranquilla unido a la Ciénaga Grande y la sabana de Aracataca, el autor sitúa allí sus personajes de “Cien años de soledad”, “Los funerales de Mama Grande”, “La hojarasca” o “El coronel no tiene quien le escriba”.

“Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo.” (Cien años de soledad).

Vista panorámica de la cordillera Cantábrica desde el paso de montaña Puerto del Pontón, en el norte de la provincia de León.

Vista panorámica de la cordillera Cantábrica desde el paso de montaña Puerto del Pontón, en el norte de la provincia de León.

Comala de Juan Rulfo es un lugar fantasmagórico, al occidente de México, a más de mil kilómetros de la capital, en un cuadrante geográfico que va del sur de Jalisco hasta el sur de Nayarit que incluye el occidente de Michoacán y todo el Estado de Colima, donde se encuentran bellos paisajes, ruinas prehispánicas, edificios coloniales y cuyos personajes se mueven en un verde municipio con calles sinuosas y empedradas y casas de paredes encaladas y tejas de barro rojo.

Allí se sitúan “El llano en llamas” “El gallo de oro” o “Pedro Páramo”, donde cada lector que se adentra en sus páginas sigue la ruta de Juan Preciado en busca de su padre, en el corazón de una región imaginada.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo…”

William Faulkner es el “único dueño y propietario” de Yoknapatawpha, según firma en el mapa manuscrito de su apócrifo condado, situado en el noroeste de Mississipi, flanqueado al norte por el río Tallahatchie y al sur por el Yaknapatawpha. Las dimensiones del condado, según este mapa, incluido en su novela “Absalón, Absalón”, son de 2.400 millas cuadradas y su población de 15.611 habitantes, de los cuales 6.298 son blancos y 9.313 negros.

Según el autor, que ambienta allí varias de sus novelas, Yoknapatawpha significa “el agua que fluye lentamente a través de la tierra plana”, era el nombre original del río Yocona, un afluente del Tallahatchie, que atraviesa la parte sur del condado de Lafayette, cubierto de bosques de pinos, la tierra natal del autor. Su nombre en realidad deriva de dos palabras indias: Yokoma y petopha con el sentido de “Tierra agrietada”.

Región de Juan Benet también está plasmado en un mapa dibujado por el propio autor e incluido en su novela “Herrumbrosas lanzas”, en escala 1:150.000, con ríos, carreteras, montes, cotas y pueblos cuyos nombres resultan un claro homenaje a su amigos: Ortillano, Salinas de don Pedro, Casaldáliga, El Carandell… Mencionada por primera vez en el relato “Baalbec, una mancha”, el territorio imaginario estaría situado en el norte de la provincia de León, probablemente en las inmediaciones del río Porma, donde el escritor ejercía su profesión de ingeniero en la década de los sesenta.

El mapa físico mostraba lo que la naturaleza antes de la llegada del hombre le había otorgado. El mapa político mostraba lo que el hombre había hecho con el legado de la Naturaleza. Esa es la realidad, el mapa político representa lo primero y cercano y el físico lo lejano y poco menos que inalcanzable, según palabras del autor madrileño.

Región se cartografía y narra, se dibuja y se relata, se piensa y se construye bajo un solo impulso creativo de tiempo y espacio o, como decía Sánchez Ferlosio, “bajo un cielo que no es del sol sino del viento”.