La Ascensión de Cristo...significa crecer en nuestra existencia

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Escrito por:

Benjamín Herrera Palomino

Benjamín Herrera Palomino

Columna: El Obelisco

e-mail: benherrerapalomino@gmail.com


 

Por: Oscar Alejandro Perez Palomino 

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@OalejandroPP


La Fiesta religiosa que conmemora la ascensión de Jesucristo en presencia de sus discípulos tras anunciarles que les enviaría el Espíritu Santo, celebrada 40 días después del domingo de resurrección (26 de mayo), que por la Ley Emiliani se trasladó para el pasado lunes festivo, se celebró el domingo 29 de mayo.

En su homilía el Sacerdote Juan Jaime Escobar señala que “esta fiesta…no es únicamente una fiesta del Señor… sino que esta fiesta…es nuestra fiesta…y es la fiesta de todos nosotros...por la manera como Jesús entiende la existencia (…) el ascenso a Dios no es un ascenso físico…el ascenso a Dios Es un ascenso espiritual, para que ascendiendo en las cuatro (4) dimensiones de nuestra existencia nos preparemos y nos capacitemos para llegar a la plenitud (…) ese es el ascenso de tu humanidad...la vida cristiana es un camino de ascenso a la plenitud de la humanidad…hacer la mejor versión de humanidad” lograr la mejor versión de sí mismo.

De manera coincidente lo plantea Stephen Covey, al afirmar que la manera de ascender o la manifestación más elevada para el desarrollo y cuidado de la dimensión del “Cuerpo” es la “Disciplina”, es decir, la capacidad de organizarse para garantizar nivel de vida, pero sobre todo calidad de vida, al convertirse en agente activo del cuidado de la salud corporal, mediante una sana nutrición y ejercicio equilibrado y constante, cuya principal recompensa no es solamente física sino mental y espiritual por el enorme flujo de paz y confianza que liberan la disciplina y el autodominio; que la manera de crecer, desarrollar y cuidar la “Mente” es tener una “Visión” la cual representa tus metas, planes, esperanzas y sueños; por su parte, la fuerza creativa para el desarrollo y cuidado del “Corazón” es la “Pasión”, el combustible, la fuerza de convicción para lograr la efectividad en el largo plazo, mediante el conocimiento y autodominio de nuestra emocionalidad; y finalmente, la manifestación más elevada para el desarrollo y cuidado del “Espíritu” es tomar decisiones a “Conciencia”, vale decir es la fuente de orientación para las otras tres dimensiones que representa nuestra voluntad de sentido de contribución que va más allá de nuestro propio ego.

“Y justamente eso es lo que Dios nos regala en esta fiesta en la que vemos ascender a Jesús…ustedes se han dado cuenta que cuando las personas están afligidas, tristes, ansiosas, deprimidas…la gente se desciende… entonces uno dice…es que estoy muy bajito de ánimo, bajito de tono, estoy bajoniao, (…) ¿cómo hacemos cuando queremos tomar ánimo?…Nos ampliamos…respiramos mejor, nos abrimos…es lo bonito de la metáfora de la ascensión...entonces les voy a dar una clave: muchachos no se imaginen la ascensión físicamente porque entonces no la vamos a entender(…) la nube en el antiguo testamento es el lugar de la presencia de Dios, por lo tanto subir hasta que una nube lo guarda, lo acoge, lo recibe.. es ascender a Dios… y el ascenso a Dios no es un ascenso físico…el ascenso a Dios es un ascenso espiritual”, afirma el padre Juan Jaime.

Parafraseando a Covey, entonces, la programación de la cultura que nos mantiene bajitos de ánimo son: para el descuido y uso del “Cuerpo”, la “extravagancia”, es decir, sacrificar lo que más importa en la vida por el placer o la emoción del momento; para el descuido y justificación de la dimensión de la “Mente”, el “victimismo”, que no nos permite trascender nuestro pasado, nuestros recuerdos, y por tanto, impide desarrollar el sentido de nuestro propio destino; el software cultural para descuido y uso del “Corazón” son el “espejo social”, o las opiniones, percepciones y paradigmas ajenos expresados en condicionamientos que nos determinan; y el esquema mental cultural para el descuido y justificación del “Espíritu” es el “ego” que no nos deja comprometernos con causas, contribuciones y aportaciones que vayan más allá de nuestro propio ego, incluida la familia, como su prolongación.




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