El presidente llamó a las fuerzas de seguridad a diferenciar entre manifestantes legítimos por la situación económica y “alborotadores” que actúan en contra de la seguridad nacional.
Teherán (EFE).- Eran apenas las 19.30 de la tarde en el norte de Teherán y parecía que era de madrugada con comercios y cafés cerrados, apenas transeúntes por las calles y una gran presencia de policía motorizada y antidisturbios, en la que es la decimosegunda jornada de protestas en la República Islámica.
“Nos han dicho que tenemos que apagar las luces por lo que está pasando”, dijo a EFE una camarera mientras cerraba un moderno café cercano a la plaza Tajrish, que acoge el segundo mayor bazar de la capital.
Lo que está ocurriendo son unas protestas que comenzaron hace 12 días por la mala situación económica y pronto han adquirido un cariz político, en unas movilizaciones que se han expandido a 111 ciudades, suman ya 38 muertos y en las que han sido detenidas unas 2.000 personas, según organizaciones de derechos humanos.
En los alrededores de la plaza Tajrish otros restaurantes y comercios estaban también cerrados en la tarde de este jueves, equivalente a un sábado en la islámica Irán y en fuerte contraste con el ajetreo habitual en esta zona los fines de semana.
Tampoco era poca habitual la fuerte concentración de Policías, y basijis -milicianos islámicos- en la propia plaza y camino del sur de la ciudad a través de Valiars, una de las principales arterias de la urbe.
A lo largo de esta carretera de 17 kilómetros y bautizada Pahlavi -apellido del último sah- antes de la Revolución Islámica de 1979 se repetía la presencia policial con antidisturbios en varios puntos y docenas de ellos en el concurrido cruce de Parkway.
Además, grupos de antidisturbios en motocicletas circulaban en una tirante atmósfera en la zona norte de la capital.