Hace pocos días, un episodio de ingrata recordación prendió las alertas en la ciudadanía acerca del papel que vienen desempeñando algunas instituciones encargadas de velar por la seguridad del ciudadano común en el ejercicio de sus actividades cotidianas…
En un trágico caso de imprudencia infantil se perdieron tres vidas inocentes en las aguas del Riíto, en donde no existe señalización alguna que alerte a los potenciales bañistas del alto riesgo que implican sus aguas cuando hay creciente, donde brillaron por su ausencia los salvavidas de la Defensa Civil, que anteriormente veíamos con sus flamantes uniformes, trajes de baño y hasta equipos de buceo apostados en las playas de Riohacha pendientes de prevenir sucesos como este advirtiendo del peligro a los bañistas foráneos, sobre todo, o interviniendo en su labor de salvavidas cuando se requería, pero, desgraciadamente, en esta ocasión no estaban en el teatro de los acontecimientos aunque todos vimos las aguas crecidas del rio que amenazaban contra la seguridad de los bañistas.
No había miembros de la Policía Ciudadana para advertir del peligro a los foráneos, ni para auxiliar a los accidentados, nada, no hubo ni siquiera un vecino del sector que por lo regular están siempre ahí, para acudir en auxilio de estos infortunados jóvenes que vinieron desde Maicao a disfrutar de un día de mar y rio, y se encontraron con la adversidad que les arrebató la existencia a muy temprana edad.
No nos explicamos que sucede con la Defensa Civil que ya no es eficiente, no está como antes en labores de prevención de accidentes, no se ven sus salvavidas formados en Cartagena y Santa Marta, no se ven los buzos con sus equipos que otrora nos acompañaran en nuestro periplo recreativo en aguas del mar Caribe, no los vemos en las inundaciones invernales con sus motobombas extractoras de aguas lluvias, ¿qué pasa con la Defensa Civil? ¿Se acabó? ¿Qué pasó con las lanchas motoras para patrullaje de las playas, con los equipos de buceo, con las motobombas, con los salvavidas, con los vehículos para transportar a sus efectivos? ¿Cómo se explica que en un suceso grave no puedan movilizarse porque no tienen gasolina para sus vehículos? ¿Dónde están sus activos para operaciones de prevención y control de calamidades? y, señores de la DIAN y de la Policía de Carreteras, ¿dónde van a parar las cantidades de gasolina y acpm que decomisan frecuentemente en las vías de La Guajira? ¿Será que no les pueden ceder una pequeña parte de ella a la Defensa Civil para que no tenga excusa para movilizarse ante desgracias como esta?.
Grave, muy grave que esto ocurra en una ciudad con un potencial turístico tan grande como Riohacha, gravísimo para la industria sin chimeneas que los visitantes se sientan vulnerables por la inoperancia de las entidades oficiales responsables de su seguridad y salvaguardia, ¿Quién tiene la responsabilidad de estas enormes fallas?
Esta penosa situación se vio más complicada aún, por la dificultad en el anfiteatro para atender las necropsias al momento de llegar los cuerpos porque ya eran más de las cuatro de la tarde y solo atienden hasta esta hora, por lo cual, los dolientes de esta desgracia debieron esperar hasta las horas de la noche del día siguiente para que les entregaran los cadáveres en estado de descomposición por las altas temperaturas que registramos en esta época y porque las neveras del anfiteatro están dañadas, lo que contribuyó aún más a incrementar su pena, todo ello originado por una disposición interna emanada del nuevo director de medicina legal que es oriundo de algún lado distinto a La Guajira y desconoce nuestra cultura, sobre todo en lo referente a los rituales mortuorios, y desde su escritorio decide que es hora de ensañarnos a tratar las tareas mortuorias a la usanza de sus ancestros y no de los nuestros, por lo cual le hacemos un respetuoso llamado para que se instruya un poco sobre el tema y pueda entender esa importante parte de nuestra cultura respetando nuestras creencias para que esto no vuelva a suceder.