"La riqueza de nuestra querida madre tierra es nuestra esperanza", es la voz de la ilusión guajira que desde una plataforma unitaria multiplica el sentir del pueblo guajiro… pero este sentir no es bien interpretado por su cuerpo dirigencial, quien, a viva voz y no en cuerpo ajeno, manifiesta, fielmente, los pergaminos monstruosos de un sistema socio político y cultural que secuestra y tortura el bienestar colectivo, por el individualismo desenfrenado de unos pocos.
Es una carrera de " hacerse ricos con la plata de nosotros " la cual, se destaca con lujos de detalles en estos 45 años de vida administrativa… el derroche de nuestra riqueza natural es un pudín que día a día, gracias a su buen sabor, gana adeptos en todos los estratos sociales..algunos por que les gustó y otros que, por ignorancia, quieren compartir el pecado; es un ritual doloroso pero real que se visibiliza en la búsqueda de alcanzar la oportunidad del trono legal, donde se permite, con inusitada habilidad, hacer parte de la repartición del ponqué… ¿la política? O ¿la politiquería? = ¿poder?.
¿Es una ecuación que produce verdadero horror o en su defecto verdadero placer?...es buscar la respuesta en los neurotransmisores del psicoanalista Sigmund Freud, los cuales estarían confundidos o por el contrario manifestarían "este comportamiento es una peste para la humanidad "… el problema es que esta práctica anormal se convierte en normal en el seno de la sociedad guajira, que pide, a gritos silenciosos, un poco más de corazón bueno… es lo que dice Erich Fromm, la patología de la normalidad. No es una diatriba con alguien en particular, es un llamado a expresar lo real del desequilibrio, llámese social, económico, etc, existente en la exótica y mágica guajira.
Tómese por ejemplo los renglones dedicados a la existencia humana: el empleo, la salud, la educación; el incumplimiento, a carta cabal, de estos apartados es un baño de lágrimas que empaña el onomástico social… este cumpleaños administrativo de la península de La Guajira, muestra, a través de su espejo retrovisor, cuán lejos estamos de la humanidad… no es un cantar envidioso…no… es decir sobre la inhumanidad del sistema de salud y su paseo de la muerte; es decir sobre los altos índices improductivos de nuestra sociedad y esto gracias al creciente desempleo y qué decir de nuestros nivel educativo, lleno de reduccionismo y disyunciones… es la manifestación de la política del mal. Todos somos víctimas.
Esta no es una historia de amor, donde el altruismo de las acciones dirigenciales brillan por su ausencia… es la historia de un pueblo que con testimonio, razones, dolor y argumentos, reclaman, con indignación, un poco de humanidad… es la narración de un conjunto de acontecimientos de la vida social de la tierra del Almirante Padilla, quien luchó por unos ideales que colmaban su tranquilidad… igualdad de derechos.
Pero cualquier intento de aproximación de la real vida guajira carecería de fundamento si no se hace visible el comportamiento pasivo e ignorante de nuestro colectivo societario, hoy llamado, por el vaivén que dicta la modernidad, sociedad civil… su carencia de proyección e intento de acariciar las mieles del pudín, desgarra las entrañas de nuestra querida madre tierra… es la marcha hacia la alfombra roja que, parados en la línea lumínica del progreso y la libertad individual como garantía del bienestar de la humanidad, se ponen anteojos sobre el espejo retrovisor. Es la coherencia ¿inmarchitable? de un sistema que oprime fuerte como el músculo coronario, que deja entrever que su fenecimiento es el jolgorio para próximas generaciones… este optimismo es propio del humano "si no lo veo yo, al menos mis nietos " que a través de la sucesión de descendientes en línea recta, manifiesta su conformidad… por decir poco. Han pasado 45 años con esta retahíla, con esta "oscuridad de lo privado "que carcome los cimientos de la existencia humana guajira.