Ad portas de los estertores del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, sin necesidad de tener un ojo de águila, se observa cómo, en toda la geografía del país, incluyendo La Guajira, se derraman chorros de elogios para el dueño del ubérrimo, que con un inusitado estilo de gobierno ( lo anormal lo convirtió en normal ) tituló la preferencia a un sector de la sociedad colombiana que dueños de la " opinión" general ( algunos son propietarios del poder mediático ), determinan el direccionamiento de las emociones de los incautos.
Diseñar un modelo mediático, que direccionen una doctrina cuyo eje nuclear se manifiesta en convertir, a través de la generación de "opinión ", el malo en bueno y el bueno en malo, es un cometido que surge de la práctica cotidiana de la política de Uribe; es decir, es un instrumento de poder cuyas bases se construyen en valores y normas reconocidas por un microorganismo (élite) que sumada a la de la misma "clase "global, simboliza el poder opresor globalizante.
Así las cosas, este periplo de festejos, que construidos con "techos de vidrios ", busca acumular la delgadez del hilo comunicacional, entre el rico y el pobre; es resaltar el sometimiento disfrazado de abrazos, besos y un "dios se lo pague "; es como, dice el pensador Jean - Claude Lugan, "la burguesía central ha buscado, constantemente, utilizar en su beneficio a los pueblos periféricos". Beneficios que hinchan el ego del caudillo que, por antonomasia, se erige como un dios en las alturas; es un estado de conciencia que lo invita a creerse el más grande, el omnipotente: es un estado de conciencia que lo invita en erigirse en un rehén en sí mismo.
Es el constatar del avance eficaz de la "seguridad democrática "cuyo contenido demoledor (falso positivo) provoca, según el psicólogo Erich Fromm "una autoconciencia de insignificancia personal, una sensación de soledad moral"; es la expresión, propia, de una crisis que involucra, en primera plana, a una civilización que ostenta la libertad del hombre y la mujer. Pero en la practicidad manifiesta la forma (alienación) de evadir dicha libertad.
Para el grueso del conglomerado social, el saludo, a Uribe Vélez, es el producto de un aislamiento y de impotencia de las cualidades humanas del humano guajiro, las cuales son potencializadas por una política mediática cuyo carácter instrumental constituye el epicentro de la doctrina "primero Colombia "y se funda en la fuerza iconoclasta del individuo - dios que le inculca, al poseído, un estado de impotencia e insignificancia.
Es el saludo al poder absoluto, a los falsos positivos, a las chuzadas, a la violación permanente de la carta magna y tantas otras "cosas "que por falta de espacio no se relacionan.