Una radiografía a las carreteras y carreteables que conforman el anillo vial del Departamento arroja como resultado una alarmante realidad ante el nivel de riesgos a que se expone el usuario de las mismas, riesgos que se traducen muchas veces en accidentes trágicos con saldos de vidas perdidas y afectados graves que son la consecuencia de un cúmulo de fallas continuadas en el manejo del tránsito, la seguridad y el mantenimiento de las vías de comunicación terrestres locales.
Carecemos de vías que le permitan al agroproductor de pequeñas poblaciones apartadas sacar sus cosechas con facilidad hasta los centros de consumo; caminos que son verdaderos calvarios para llegar a poblaciones de la alta Guajira, aun en el verano, porque en invierno resulta casi imposible transitarlos debido al pésimo estado en que se encuentran y a la falta de una verdadera política vial departamental que supla todas estas falencias que constituyen la pesadilla de cada día para quienes, en razón de sus actividades, se ven obligados a transitar por estas vías.
La vía de Riohacha a Valledupar, en sus primeros treinta kilómetros es un verdadero infierno pedregoso, polvoriento, con presencia permanente de animales, capaz de acabar con el mejor vehículo del mundo incluyendo la humanidad del conductor y demás ocupantes, y encima de todo eso, insegura en razón de las bandas de salteadores de camino que aparecen y desaparecen en ella, lo que le ha dado el deshonroso mote de “Cajero Automático”.
En la actualidad esta vía se está asfaltando, con un ritmo de trabajo que pasa más tiempo suspendido, ojo con eso, señores interventores de esta obra; desde La Florida hasta Cuestecitas se acaba de realizar una labor de re parcheo de una vía que amerita reconstrucción por el deterioro que registra y que ya está, según los contratistas, lista pa’ la foto.
De Riohacha a Manaure, vía Mayapo, encontramos una vía en construcción con innumerables curvas cerradas y peligrosas, demasiado angosta, muy bien señalizada y en buen estado general hasta Mayapo, y de ahí en adelante, suponemos que está en construcción aunque a un ritmo lento y por demás perjudicial para los que necesitan transitar por ella. La vía de Manaure a Uribia, angosta, en mal estado, con pésima señalización en gran parte de su extensión, insegura por la presencia permanente de vehículos de transporte de sal parqueados en sus orillas sin luces ni señales de ninguna clase, lo que ha generado accidentes fatales de ingrata recordación, con presencia de animales en la vía sobre todo por las noches, cuando es más difícil detectarlos a tiempo de evitar accidentes.
La vía Uribia-Cuatro Vías, con muy mala señalización, con presencia de semovientes nocturnos en la vía, insegura por asaltos a mano armada sobre todo por las noches, y con tránsito de vehículos saleros en condiciones no aptas para transitar por carencia de luces de ubicación y otros detalles comunes en vehículos con muy poco o ningún mantenimiento.
La carretera que comunica a Riohacha- Maicao-Paraguachón, en buen estado hasta Maicao pero insegura por la presencia de semovientes y del tránsito de vehículos transportadores de gasolina y mercancías varias que no llenan los requisitos de Ley para ello, y por causa de los cuales se han presentado accidentes fatales con mucha continuidad, e insegura en razón de los continuos atracos en la vía.
Y la más riesgosa, la de mayor índice de accidentalidad, es la que conduce de Cuestecitas hasta el límite con el Departamento del Cesar, a través de la cual circula el mayor número de vehículos transportadores de gasolina en cualquier condición, convertidos en verdaderas bombas ambulantes que ruedan a velocidad en caravanas que buscan afanosamente llegar a su destino para completar el periplo comercial de la reventa del combustible a mejores precios en otras latitudes, generando un alto grado de inseguridad para todo el que utilice la vía en cualquier medio de locomoción, y que ha generado el mayor número de accidentes y de victimas acaecido en las vías de La Guajira, que por ello se han convertido en pan de cada día.
Es hora de asumir con responsabilidad el reto de la seguridad y el mantenimiento en las vías terrestres del Departamento para acabar con este inmenso lunar que devora la vida de muchos transeúntes ajenos a quienes tienen la culpa de este estado de cosas.