A escasas horas de realizada las elecciones que escogieron a los nuevos dirigentes políticos que representaran nuestros intereses en el Congreso de la República -y que todavía no se conocen sus nombres- el ambiente electoral se vivió y se sintió en cada rincón de la geografía local, y las conjeturas estuvieron a la voz del día y las cábalas fueron el diario acontecer.
La presencia de candidatos de otras latitudes fue bastante notoria, y el trabajo electoral que les realizan distintos sectores locales arroja como resultado la disminución de las posibilidades de los candidatos nativos, dejándonos un sabor agridulce orientado hacia el análisis del porqué nuestros coterráneos depositan su confianza electoral en candidatos foráneos, creándonos la inquietud de pensar que no tenemos candidatos capaces de convocar con su talla y presencia política, a las grandes mayorías electorales del Departamento.
Vientos de cambio soplan a lo ancho y largo del Departamento y La Nación, cansados de una clase dirigente que, en su última etapa, ha estado por debajo de las expectativas de sus conciudadanos; el espectáculo de la corrupción en las altas esferas del poder institucional y sus consecuencias han dejado en el colombiano de a pié una amarga experiencia que no estamos dispuestos a repetir.
El pobre-pobre desempeño del actual Congreso de La República, con su Yidis política, su feria de las notarías en el país como botín político-económico, su Para-política, sus micos y orangutanes normativos, sus fallidos intentos de modificaciones de la Carta Magna en beneficio de intereses muy particulares, su apoyo a esperpentos jurídicos que van abiertamente en contra de los intereses de las mayorías colombianas.
Su lánguida capacidad de propuestas legislativas que propendan por la defensa y el fortalecimiento de proyectos en beneficio real del pueblo que los eligió, nos enseñan lo dañino que es equivocarse al momento de elegir a quienes van a legislar en el país, a quienes van a tener en sus manos la co-administración del Estado y van a defender los intereses de las regiones que los eligieron ante el alto gobierno.
Esta es una nueva oportunidad que nos abre la democracia para tratar de enmendar los posibles errores cometidos antaño, es una puerta que se abre a la superación de las fallas en que pudimos incurrir al depositar nuestra confianza electoral en candidatos que luego no respondieron a la altura de las circunstancias, es una posibilidad real de enrumbar nuestro norte en manos idóneas que propendan por el desarrollo integral que tanto necesita nuestra Guajira, superando las grandes falencias en los servicios públicos.
El gran muro que tenemos que superar para acceder al desarrollo económico regional, fortaleciendo el anillo vial departamental con redes que le permitan al pequeño productor agropecuario trasladar sus productos a los centros de consumo, mejorar y fortalecer la red de instituciones prestadoras de servicios sanitarios y educativos para crear las solidas bases de un desarrollo real, propiciar programas con verdadero fundamento creativo de fuentes de empleo y no continuar con las dadivas que desdibujan la función del Estado y tergiversan los medios y las metas en materia de política laboral y productiva nacional.
Desde esta humilde tribuna de opinión, esperamos que la decisión del pueblo sea la correcta y los congresistas elegidos se pongan la camiseta de La Guajira para tener en ellos la esperanza de comenzar a vislumbrar la luz al final de este largo túnel oscuro y hasta hoy, casi sin salida. Bienvenidos, congresistas.