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Mié, Feb

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Editorial
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La nueva fase en la guerra entre Israel y Hamás, con fuerzas terrestres del Ejército israelí en la Franja de Gaza, avanza con la amenaza de fondo de una escalada bélica regional por parte de Irán, país en el que analistas afirman que China ejerce una influencia que puede resultar clave.

China ha preferido mantener un perfil bajo desde que las fuerzas islamistas de Hamás perpetraron el ataque en Israel el 7 de octubre, abogando por la solución de dos estados y mandando a un enviado especial a la zona, Zhai Jun. Pero el papel de China, menos visible que el de EE.UU., no puede ser infravalorado,  varias razones apuntan, entre ellas, a la capacidad de mediación demostrada al ayudar a fraguar la restauración de los lazos diplomáticos entre Arabia Saudí e Irán a comienzos de año.

Más allá, la segunda economía mundial se ha convertido en un actor clave en Oriente Medio, una zona importante para su Nueva Ruta de la Seda y sus intereses energéticos -China es el mayor importador de petróleo del mundo, mientras EE.UU. aumenta sus exportaciones de crudo-, que en lógica dependen de la estabilidad de la zona.

Las tornas han cambiado. Ahora China ocupa ese lugar, el que antes tenía EE.UU. y necesita petróleo de Oriente Medio.

En concreto, se destaca la dependiente relación entre China e Irán: Pekín es el principal socio comercial de Teherán desde hace diez años, así como su mayor comprador de petróleo, y sus lazos quedaron fortalecidos en 2021 con un acuerdo de cooperación de 25 años en ámbitos como el económico, el militar y el energético.

Tras la firma de ese documento, China se transformó en el principal socio de Irán. Irán se convirtió además en julio en miembro de pleno derecho de la Organización para la Cooperación de Shanghái, OCS -bautizada por algunos como "la OTAN china"- y se encuentra entre los seis nuevos países que se unirán a los Brics, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, extensión promovida por Pekín.

Con la relación consolidada y los intereses sobre la mesa, cabe preguntarse cómo utiliza China su influencia sobre Irán -que lidera una coalición informal conocida como Eje de la Resistencia, que incluye a Hamás, el grupo libanés Hizbulá y la Yihad Islámica, además de otras milicias palestinas, iraquíes o yemeníes- para frenar una escalada regional, como ha pedido Washington a Pekín.

China está jugando a esperar, porque está haciendo el siguiente cálculo: al no hacer nada, está retrasando la guerra, la de máxima potencia; China tiene influencia suficiente sobre Irán para que éste pare a sus socios, pero que no hacerlo aún de por sí disuade a Israel de un ataque a mayor escala.

Aunque la penetración del Ejército israelí en Gaza avanza a un ritmo más lento del previsto, el presidente iraní, Ebrahim Raisí, ya advirtió  que los crímenes de Israel en Gaza -donde hay más de 8.300 víctimas mortales desde el ataque de Hamás, que mató a más de 1.400 personas en Israel-, pueden forzar a todo el mundo a actuar. En este sentido, el líder del grupo chií libanés Hizbulá, Hasán Nasrala, pronunciará un discurso el viernes, el primero desde el estallido de la guerra.

Por ahora, China observa y lanza mensajes de unión junto a Irán. El pasado jueves, el primer ministro, Li Qiang, aseguró que Pekín apoyará firmemente a Teherán a salvaguardar su soberanía y urgió a desescalar las tensiones, durante un encuentro con el vicepresidente iraní, Mohammad Mokhber, en el marco de una reunión de la OCS.

La buena relación de Pekín con Teherán, es una señal de que puede ejercer un rol central en contener a Irán para que no se involucre en una escalada del conflicto. Se coinciden en que Irán necesita, especialmente en las circunstancias actuales, un socio a largo plazo del peso de China, y en que, si bien mediar entre Israel y Palestina puede estar ahora fuera de su alcance, Pekín juega un papel claro en lo que respecta a Irán.

Pekín tiene un rol estabilizador que jugar en el conflicto, y parece en su propio interés hacerlo. Y consiste en dejar muy claro a sus amigos en Teherán que China espera que Irán cese las agresiones cometidas por sus "proxies" en Líbano, Hizbulá, y en Yemen, los “hutíes". No se debería subestimar la influencia de China en Teherán; esto no quiere decir necesariamente que Irán obedecerá peticiones.



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