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Jue, Mar

Se puede prolongar el asedio

Editorial
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Washington ya no impondrá aranceles a quien suministre crudo a Cuba, cumpliendo la decisión del Tribunal Supremo de EE.UU., pero eso no significa que no pueda aplicar otro tipo de sanciones para seguir presionando a la isla.


Atendiendo al fallo de la Alta Corte, el presidente de EE.UU., Donald Trump, firmó la semana pasada una orden presidencial que pone fin al recurso de aranceles punitivos bajo el amparo de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, Ieepa.

Esto elimina uno de los pilares de la orden ejecutiva de 29 de enero, la que amenazaba con gravámenes a los proveedores de petróleo a Cuba. Pero deja en pie el otro, el que declara una emergencia nacional por la amenaza inusual y extraordinaria que supuestamente supone Cuba.

Nadie se atreve a decir que la orden ejecutiva del 29 de enero es un tigre de papel. Si tiene dientes, aún es un tigre, aún puede dar miedo, algo que piensan muchos estadounidenses para seguir presionando a las autoridades cubanas.

Por otro lado el Gobierno de Cuba cometería un enorme error si entendiese que la decisión del Supremo es un escudo protector; En esta línea abundan los abogados en la rama judicial que ven otra interpretación al falle de la Alta Corte, en litigios relacionados con Cuba.

La Casa Blanca dio marcha atrás a la implementación de ese mecanismo, pero dejó abierta la puerta a otras posibles acciones; conociendo cómo hacen las cosas en esta administración, se puede asegurar que van a usar otras herramientas.

El bloqueo energético, que la Oficina de Derechos Humanos de la ONU considera contrario al derecho internacional, está ya causando serios estragos en Cuba, un país con seis años de grave crisis económica a sus espaldas que necesitaría importar dos tercios de sus necesidades energéticas.

Los hospitales y el transporte público están en servicios mínimos, la basura se acumula en las calles por la falta de sistema de recogida, el combustible está severamente racionado, los apagones alcanzan las 20 horas diarias en amplias zonas del país y la economía está paralizada.

Por el momento, la administración estadounidense no ha detallado qué otras medidas podría poner en marcha para mantener su asedio petrolero a Cuba; entre las opciones estarían posibles medidas bancarias por parte del Departamento del Tesoro o sanciones secundarias. Esta sería una estrategia habitual de Trump lanzar amenazas con la esperanza de que su efecto disuasorio sea suficiente y no haya realmente que cumplirlas y es la táctica del miedo.

Sería interesante comprobar la reacción estadounidense si Cuba comprara petróleo a un país libre de sanciones a precios de mercado y lo llevara a la isla en un barco que no perteneciera a la flota fantasma y tuviera todos sus papeles en regla. También resultaría revelador, que un país como Rusia enviara a Cuba un petrolero escoltado por un barco militar, lo que dificultaría  una intervención de EE.UU. No obstante, se duda que algo así suceda porque Cuba no es tan importante para nadie en estos momentos.

Hay una minoría en Washington que está a favor de permitir que Rusia o China suministren algo de petróleo y combustibles a Cuba para evitar una crisis humanitaria en la isla pero sin levantar el cerco energético como forma de presión para forzar cambios.

Se puede  señalar que la administración estadounidense está enviando señales que indican que la prioridad en Washington es un cambio en el ámbito de las políticas, principalmente económicas, y no en el de la dirigencia. La Administración ha sido muy enfática en exigir un cambio de política en Cuba; no necesariamente un cambio de régimen, sino un cambio de política.

Podría ser que el pensamiento en Washington es: "Aceptaremos a la misma gente quedándose, en el Gobierno cubano, si toman mejores decisiones; es el modelo Venezuela.

En este contexto enmarcan ambos expertos la reciente decisión del Gobierno cubano de permitir que el sector privado en la isla importe directamente combustible -muchas veces desde Miami, EE.UU., para salvar parcialmente el asedio petrolero y que Washington parece tolerar, al considerarla una apertura. 

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