Sin duda alguna el Rey Juan Carlos I ha sido una figura monárquica controversial que tuvo aciertos notables y errores garrafales en el ejercicio de su jefatura de Estado; su abdicación se debió fundamentalmente al deterioro de su condición física, fruto de las prótesis que le habían practicado.
Esa responsabilidad quedaría en cabeza del Príncipe Felipe heredero de la corona. Juan Carlos I consultó con sus asesores jurídicos en absoluta reserva y se apresuró a hacerlo, pues con el dolor del alma, más que del cuerpo, le costaba trabajo permanecer de pie para recibir los honores militares y peor aún pasar revista a sus tropas.
Ese retiro voluntario, lo alejó de todas las cuestiones atinentes a esa posición privilegiada; su noble y claro objetivo también era preservar la monarquía.
Juan Carlos I durante su infancia vivió en Portugal, dado que no podía estar en España, ya que el general Franco prohibió la entrada a territorio español de su padre, Juan de Borbón hijo de Alfonso XIII de España, por tanto, él permaneció, siendo un niño en las tierras lusitanas.
El régimen portugués lo presidia como jefe de Estado el almirante Américo Thomas y su jefe de gobierno era Oliveira Salazar. Se trataba de una dictadura. Gozaban estos gobernantes del respeto, amistad y consideración del general Franco.
Juan Carlos de Borbón era un navegante. En Estoril tenía un yate en el cual su hijo empezó desde su edad de uso de razón a familiarizarse con todas las actividades marítimas; parte de su vida ha estado en torno de las regatas, habiendo participado en concursos mundiales, obteniendo medallas de oro y bronce.
Aun estando como está en las condiciones precarias de salud, viaja de donde reside en Abu Dabi a España, únicamente para competir o estar presente en esos eventos de veleros.
Se trasladó a su patria a partir del momento en que Franco quiso que iniciara su carrera militar. En efecto cumpliendo con todos los requisitos académicos y de tiempo se graduó como oficial de los Ejércitos de tierra, mar y aire; en consecuencia, podía ser el comandante de las Fuerzas Militares de España.
Igualmente, su hijo el actual Rey Felipe VI, llevo a cabo los estudios militares pertinentes, con el objeto de tener el respaldo castrense y legal para ocupar la jefatura de estado.
Ese mismo proceso lo está realizando la infanta Leonor, quién ya adelantó el curso de oficial de tierra y mar y está ad-portas de concluir su paso por el Ejército del Aire; de esa manera podrá ser la futura Reina de España y comandante de sus Fuerzas Armadas.
Hay que reconocer que Franco puso a Juan Carlos I al frente de la jefatura de Estado y ese fue el gobierno de transición bajo la responsabilidad del emérito; su actuación en el fallido golpe de Estado del coronel Tejero, cuya muerte se produjo recientemente, sin discusión alguna fue de singular importancia.
Juan Carlos I se la jugó toda y conjuró esa conspiración y no perdió en ningún momento el control, ni el mando del estamento militar; esa posición de firmeza originó que tan solo fuese un deseo sin materializar lo que ejecutó el coronel Tejero.
Las Fuerzas Militares respaldaron a su comandante y por ello no pasó a ser sino un episodio más anecdótico e histórico que cualquier otra cosa. Ciertamente ese escenario golpista le dio prestigio a Juan Carlos I, puesto que se podrían considerar como sus horas cumbres en su mandato monárquico.
Sus memorias de sus 40 años de reinado han sido las únicas que ha escrito un Rey español y han salido después de una década de su abdicación, con la colaboración de la francesa Laurence Debray.
En ese libro cuenta sus alegrías y sus tristezas; reconoce sus errores y hace en el ocaso de su vida una confesión: “No tengo derecho a llorar. Pero sí tengo derecho a reconciliarme con mi país que tanto amo y añoro”.
Increíble pero cierto. Su caída del elefante en el África se constituyó en la caída de su pedestal. Fueron unas vacaciones con su amante alemana, Corina Larsen, a quien había conocido justamente en África; ese percance, originó que se vislumbraba ese romance.
Hubo necesidad de someterse a varias intervenciones quirúrgicas; de ahí en adelante su salud mostró mucha fragilidad y endeblez; su vitalidad física y su dinamismo mental se vinieron abajo. Tuvieron Corina y el Rey un apartamento en los Alpes suizos el cual a menudo frecuentaban.
Es conveniente poner de relieve la difícil relación de Juan Carlos con la actual Reina Leticia; empero les tocó a los dos un manejo diplomático, discreto e inteligente, con el propósito de velar y proteger la monarquía ante todo y, sobre todo.