Cambio con el sector privado

Editorial
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El Gobierno de Venezuela, tras años acusando a los empresarios de golpistas, conspiradores o "nido de víboras", bajó el tono contra el sector privado, con el que ahora estudia soluciones a los problemas de operatividad de industrias y comercios, imprescindibles para continuar la senda de la recuperación económica.

El presidente Maduro busca hacer las paces con el empresariado, al que pidió propuestas y sugerencias para impulsar la economía, un intento de acercamiento que aplaude los venezolanos, para tratar de dirimir diferencias y trabajar para solventar los problemas que afectan a la producción.

Más que un cambio en su filosofía o un entendimiento de un nuevo modelo de desarrollo, el acercamiento es una acción mucho más pragmática por parte del Ejecutivo, para hacer frente a la crisis económica, las sanciones y la pandemia. Estos factores provocaron una caída en el ingreso de divisas, lo que hizo que el Gobierno perdiera la capacidad de mantener su dominio sobre la economía a través de los controles de cambio y precios, y de las importaciones, con las que competía con el sector privado. En el pragmatismo de sostenimiento, tanto de su economía como de su Gobierno, Maduro se da cuenta que el sector privado, lejos de ser un enemigo, es la vía potencial para poder garantizar abastecimiento, producción y empleo en medio de las sanciones.

Además de flexibilizar el control cambiario y liberar precios, la Administración de Maduro ha propiciado recientemente encuentros con el sector privado. Desde hace dos meses, los principales dirigentes empresariales mantienen reuniones en mesas técnicas con las carteras de Economía y Finanzas, de Industrias y Producción, de Comercio y de Energía Eléctrica. Este mecanismo se ha ampliado a las regiones con la instalación de mesas en estados como Táchira, donde está el principal paso fronterizo con Colombia, y Bolívar, que limita con Brasil.

Estos cambios favorecen al Gobierno, entre otras razones, porque lograron que se recuperen ciertos niveles de estabilidad en la economía, lo que baja la tensión social. Además, una parte de los venezolanos que piensa que el país mejoró respecto a 2018, cuando la hiperinflación estaba en su cúspide, puede tener un mejor concepto de la gestión del Gobierno, que ha visto en el último año y medio una subida en su popularidad.

Los recientes acercamientos han dado frutos que alimentan la esperanza de los empresarios de una mejora en las condiciones para operar. Los problemas planteados por los gremios, entre ellos la voracidad fiscal y la competencia desleal de productos importados, fueron respondidos con acciones.

En un encuentro del Consejo Nacional de Economía, al que fueron invitados los empresarios, Maduro anunció la próxima presentación de una propuesta de ley de armonización tributaria ante el Parlamento, cuyo objetivo es disminuir los impuestos que cobran las alcaldías, que se han exacerbado. Por otra parte, tras insistir en la "competencia desleal" de productos importados, el Gobierno volvió a cobrar aranceles a bienes que, pese a producirse en el país, se estaban comprando al exterior y entraban sin pagar impuestos.

Tras estos cambios, se percibe una mejora en la capacidad productiva, un aumento en la producción, un pequeño aumento del consumo y un mejor ambiente de negocios de lo que había en 2018, lo que impacta también en la población.

Las soluciones a los problemas presentados al Ejecutivo llegarán gradualmente, y se espera que se traduzcan en una mejora del poder adquisitivo y una recuperación de los empleos.



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