Columnas de Opinión
Un diciembre sin bloqueos ni temores
Tiempo para el encuentro; no para el encontronazo
Indudablemente, si no peleas por dar fin a este estado de podredumbre, acabaremos todos formando parte de él, lo que nos requiere moldear la integridad del mañana, que comienza con las decisiones que tomemos hoy. Será bueno, por consiguiente, que nos reencontremos para lograr enaltecer la voz con valentía. Un buen referente puede ser la escena de la creación de Adán pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, donde el dedo del Padre glorioso roza el dedo del hombre; así también, entre nosotros, lo humano y lo etéreo ha de sentirse para hallarse y descubrirse. Quizás entonces no concentraríamos el esfuerzo en la posesión y aún menos en el dominio. Al fin y al cabo, lo trascendente radica en encender la gran estrella del amor y en dejar que reluzca en el camino.
Lo complicado es andar perdido y no reconocerse. Cuando el propio corazón no se considera a sí mismo, tampoco se estima nada. Es el momento de la llamada interior, de la preparación a un examen sincero sobre nuestros ritmos. Reforcemos los estándares éticos en toda la sociedad. Quitemos muros y facilitemos espacios comunes, que sirvan para ofrecer calor de hogar. No hay mejor paz que la que uno mismo difunde e infunde a golpe de pulso, como fruto de la compasión vivida y de la amorosa pasión injertada.
Se trata de un auténtico amor desinteresado, que se expresa en el amor fraterno que evita los litigios, no juzga y perdona, porque lo sustancial es conjugar el inmaculado ardor entre sí, comenzando por quererse uno a sí mismo para luego amar a los demás. Por eso, es vital que en cada amanecer tengamos una conversión, que nos lleve a desmantelar el aluvión de tormentos que nos atormentan, a frenar los flujos financieros ilícitos, garantizando que los recursos públicos se gestionan de forma transparente. Así, cuando los gobiernos actúan con rectitud, también uno se mueve bajo estos parámetros, haciendo que la confianza sea un hecho real. De lo contrario, resulta difícil restaurarse con el choque de beneficios terrenales, ya que el egoísta únicamente se ama a sí mismo sin rivales.
Por desgracia, siempre se repite la misma historia, la del enfrentamiento entre semejantes, con la dificultad manifiesta de hacer genealogía, propagando un estado salvaje e inhumano, en el que tantas veces se hace realidad el dicho de que el hombre es un lobo para el hombre. Precisamente, ahora que estamos en un período de acogida, despertemos de todo este letargo y salgamos de este espíritu putrefacto que nos separa, engañados por historias que nos llevan a los callejones sin salida del consumismo. Es menester cuestionarse, buscar y rebuscar el verdadero amor, que no es otro que aquel que colma de significado y alegría la vida. Sea como fuere, estamos en un soplo de espera e ilusión, de reflexión y de transformación. Prepararse para ello, es la luz, que espigará en fraterna filiación.
El grave problema de la uniformidad del régimen municipal y departamental en Colombia (3)
Colombia no quiere tibios: más Estado o más libertad
Y los sondeos de este año son claros: el país se inclina por dos polos opuestos. De un lado, Abelardo de La Espriella, el outsider que representa la derecha; del otro, Iván Cepeda, heredero político de la izquierda. El centro, como siempre, parece condenado a la irrelevancia. Sergio Fajardo llegó a un techo muy bajo. Los de centro-derecha —Pinzón, Paloma y el resto del pelotón del 1%— no despegaron. Y los de centro-izquierda —Roy Barreras, Claudia López, Daniel Quintero— son como ciclistas gregarios: su función es distraer mientras Cepeda pedalea hacia el podio.
Todo indica que esta tendencia se mantendrá en las encuestas de enero y febrero. Si los candidatos de centro-derecha se unen a Abelardo, podría ganar en primera vuelta. Si no lo hacen, tendremos cuatro nombres en disputa: Abelardo, Cepeda, Fajardo y el que surja de la consulta. Pero lo más probable es que la segunda vuelta sea entre Abelardo de La Espriella e Iván Cepeda. El país está dividido entre quienes quieren un presidente que continúe las políticas de Petro y quienes buscan un líder independiente, con autoridad y determinación para poner orden.
Veamos las propuestas. En el exclusivo Club El Nogal —símbolo de resiliencia tras el atentado de las FARC-EP que dejó 36 muertos y cientos de heridos— se realizó una reunión privada convocada por la presidenta de la Cámara de Comercio Colombo-Americana (AmCham). Allí, Iván Cepeda, según reveló un medio, lanzó un mensaje que no podemos pasar por alto: su proyecto político busca culminar lo que Petro dejó inconcluso. ¿Qué significa esto? Una Asamblea Nacional Constituyente al estilo venezolano, revivir reformas fallidas en salud, pensiones y jurisdicción agraria, mantener relaciones con el régimen de Maduro, sostener impuestos asfixiantes, duplicar subsidios, estrechar lazos con China, abrir mesas de negociación con grupos criminales y entregar al Estado el control de sectores estratégicos de la economía. La pregunta es inevitable: ¿Ese es el futuro que María Claudia Lacouture y Frank Pearl están dispuestos a avalar para Colombia, aun cuando sabemos que ese camino conduce directo al abismo institucional y económico?
En contraste, Abelardo de La Espriella plantea una agenda diametralmente opuesta: recuperar los corredores dominados por las guerrillas, sustituir 70 mil hectáreas de coca cada año, reducir el déficit fiscal con recortes de gasto y una disminución del 40% en la burocracia estatal; implementar reformas para sanear la deuda e impulsar un modelo económico basado en libertad y emprendimiento empresarial entre otras propuestas.
Colombia se enfrenta a una decisión trascendental: continuar el experimento fallido del petrismo con Cepeda o apostar por un liderazgo disruptivo que promete orden y autoridad con Abelardo. Dos visiones, dos caminos. Uno nos acerca al modelo autoritario y empobrecedor que hundió a Venezuela; el otro apuesta por seguridad, eficiencia y desarrollo.
Las encuestas son solo un termómetro, pero la fiebre política está alta. El país no quiere tibios. Quiere definiciones. Y en 2026, la batalla será entre dos visiones opuestas: más Estado o más libertad.
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