Con el nuevo año, comienza una etapa difícil e incierta en Colombia. Es un año electoral donde no solamente se elegirá a un nuevo presidente, sino que además se elegirá congreso. El balance del poder podría ser alterado de manera tal, que por primera vez podría favorecer a las fuerzas de la izquierda. Parece una posibilidad lejana hoy, pero no por esto puede ser descartada.
Habrá discusión sobre la legalidad a la luz del derecho internacional de la operación de los Estados Unidos contra el régimen chavista. De lo que no hay duda, y es más relevante para nosotros, es de sus consecuencias geopolíticas.
Comienza 2026 con una sensación de prosperidad para quienes aumentarán los ingresos por encima de sus expectativas, gracias al aumento del salario mínimo decretado por el Gobierno.
Uno vive y debe desvivirse por vivir en comunión y en comunidad. Así, para un ser con corazón, todo lo que le circunda forma parte de sí y se vincula como genealogía, sustentado el nexo en la mutua lealtad y en el recíproco acatamiento.
Uno vive y debe desvivirse por vivir en comunión y en comunidad. Así, para un ser con corazón, todo lo que le circunda forma parte de sí y se vincula como genealogía, sustentado el nexo en la mutua lealtad y en el recíproco acatamiento. La humanidad debe concebirse como una estirpe adherida e inseparable, sustentada por la unidad colectiva, de la que no puede desligarse, ya que todos formamos parte de ese viviente poema interminable cargados de lenguajes diversos, pero bajo un solo pulso, el de la armónica existencia, a pesar de nuestro fondo de debilidad humana y de nuestra manera frívola de reconocer la vida. De ahí la necesidad, en este orbe globalizado, de que seamos promotores y animadores de solidaridad y respeto por la dignidad humana y los derechos fundamentales.
Terminé de leer en estos días un librito de poco más de doscientas páginas que destiné, sin proponérmelo, para consumir en situaciones de espera, como las de los aviones y aeropuertos. Tinta invisible es su título, y su autor es el español gallego Javier Peña. Es un ensayo amigable acerca de las personalidades de escritores famosos, y otros no tanto, que sirvieron de base para las anécdotas que les sucedieron, más allá de si están vivos o no. También, y en un paralelo desordenado, es una especie de bitácora de despedida, póstuma, del autor respecto de su fallecido padre, con quien aquel compartió la gula por los libros y las historias, además de lo obvio. La obra no es nada del otro mundo y puede ser perfectamente olvidable, pero era lo que me atraía en las penumbras del tiempo perdido.